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Daniel apoyó los codos en el alféizar y se sujetó la cabeza con las manos. Le daba
mucha vergüenza decir aquello, pero era ésta su última oportunidad.
—Uca—uca... —dijo, al fin—. No dejes a la Guindilla que te quite las pecas, ¿me oyes?
¡No quiero que te las quite!
Y se retiró de la ventana violentamente, porque sabía que iba a llorar y no quería que
la Uca—uca le viese. Y cuando empezó a vestirse le invadió una sensación muy
vívida 627 y clara de que tomaba un camino distinto del que el Señor le había marcado.
Y lloró, al fin.
Fin
627
Eficaz, vigoroso