Leemos el camino segundo A leemos el camino A con introducción | Seite 115

Él subía la varga agobiado por el sol de agosto, mientras flotaban en la mañana del valle los tañidos apresurados del último toque de la misa. Aún le restaba casi un kilómetro, y Daniel, el Mochuelo, desesperaba de alcanzar a don José antes de que éste comenzase el Evangelio. De repente, oyó a su lado el claxon del coche negro de la Mica y volvió la cabeza, asustado y se topó, de buenas a primeras, con la franca e inesperada sonrisa de la muchacha. Daniel, el Mochuelo, se sintió envarado, preguntándose si la Mica recordaría el frustrado hurto 427 de las manzanas. Pero ella no aludió 428 al enojoso 429 episodio. —Pequeño —dijo—. ¿Vas a misa? Se le atarantó la lengua al Mochuelo y no acertó a responder más que con un movimiento de cabeza. Ella misma abrió la portezuela y le invitó: —Es tarde y hace calor. ¿Quieres subir? Cuando reparó en sus movimientos, Daniel, el Mochuelo, ya estaba acomodado junto a la Mica, viendo desfilar aceleradamente los árboles tras los cristales del coche. Notaba él la vecindad e la muchacha en el flujo de la sangre, en la tensión incómoda de los nervios. Era todo como un sueño, doloroso y punzante en su misma 427 Hurto: robo a pequeña escala . 428 Aludió: Mencionar a alguien o algo o insinuar algo 429 Enojoso: Que causa enfado .