Bachillerato en diurno sin ser adolescente.
la Tiza
OPINIÓN
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TRIBUNA LIBRE
"Me lo debo"
SaSandra Sánchez está en 2º. Tiene exámenes y asiste a clase por las mañanas como cualquier alumno de bachillerato. Pero las tardes las reparte entre familia, empresa y estudios.
Estudiar bachillerato a mis años, con una familia y una empresa, es una decisión que jamás pensé que podría hacerse realidad a estas alturas de mi vida. Sin embargo, aquí estoy, entre libros, apuntes llenos de subrayados y una mezcla de ilusión, nervios y, a veces, agotamiento, que hacen que mi día a día haya cambiado significativemente.
En ocasiones me observo desde fuera y pienso: "¿Estaré loca por haber tomado esta decisión o soy una tía valiente que nunca se cansa de luchar por conseguir sus propios logros?" Pues, sinceramente, creo que un poco de las dos cosas.
Volver a estudiar me ha marcado mucho, porque en su momento no pude y porque durante años dediqué mi vida a otros, pero ahora puedo hacerlo pensando un poco más en mí, siendo yo la protagonista de mi propia “aventura estudiantil”.
Además, estudiar a esta edad tiene un valor fundamental: no lo hago por obligación o por necesidad, lo hago simplemente porque yo lo he decidido, porque quiero, y porque me lo debo. Y eso, para mí, tiene un sentido muy profundo.
A veces me pregunto: "¿He tomado una buena decisión? ¿Sobreviviré a este estrés? ¿Merecerá la pena?"
Rotundamente, sí que merece la pena. Ahora y más adelante, eso siempre. Pero, a veces, he de admitir que no es nada fácil.
Sin embargo, cuando estos momentos azotan mi mente, hay algo que me sostiene y me empuja como nunca imaginé. Y aquí me estoy refiriendo a mi familia, al profesorado y al personal del centro. Todos ellos han marcado en mí una cercanía y una comprensión que han calado hondo.
Al fin y al cabo, estudiar bachillerato a mi edad es un reto muy exigente, sí, pero
también es una victoria íntima que voy construyendo día a día. El camino no será fácil y no sé si llegaré a todo a tiempo, pero tengo claro que sí que merece totalmente la pena.
En nuestra opinión, las redes sociales pueden ayudar en varias cosas: aprender, interactuar y entretenernos. Pero hay que saber usarlas y la existencia de estafadores y pedofilos las puede hacer peligrosas para los niños y niñas pequeños.
Aprender información: hay personas, canales y diferentes fuentes con las que se pueden aprender muchas cosas. Aunque no lo crean, hay bastantes redes dedicadas a eso.
Interactuar: aunque se piensa que no nos relacionamos, con las redes sociales muchas veces podemos interactuar con las personas en llamadas o por mensajes.
Entretenimiento: en momentos aburridos, los videos de YouTube u otras redes sociales pueden quitarnos el aburrimiento con humor o comedia.
En resumen, las redes sociales no son buenas ni malas, todo depende de cómo las usemos. Si sabemos usarlas con responsabilidad pueden ser una gran herramienta. Por esta razón, podemos considerar que nos ayudan mucho.
Por Sandra Sánchez Navarrete/ 2º Bachillerato de Artes
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