Lascivia No 63 Enero 2020 Lascivia 63 Enero 2020 | Page 340

brotaba parte de su verga roja. Sentí nuevamente una excitación extra- ña, al presentir que esos animales parecían desearme así que me vestí tratando de evitar otro encuentro. Después de menos de media hora, sin recapacitar demasiado, resolví quitarme las prendas, y desnuda, entregarme nuevamente a jugar con ellos, me tiré sobre la manta, abriendo mis piernas para dejar al libre al- bedrio, de esos animales. Sentí sus lenguas lamer mi vagina, ya húmeda nuevamente por mis flujos y sus babas, percibiendo su pelaje acariciar mi epidermis. Mis tetas comenzaron a arrebatarse nuevamente, erizán- dose mis pezones, a la vez que mí cuerpo se conmovía, por la alteración que me producía las condiciones de ese entorno lleno de un erotismo bastanteprimitivo.. Con algo de temor, mi mano tomo uno los bultos de uno de ellos, has- ta que surgió de a poco su verga, comencé a masturbarlo, mientras el resto continuaban olfateándome. Concebía una emoción nunca aprecia- da, hallándome desnuda asediada por casi media docena de perros, así que continúe friccionando su miembro, hasta que surgió la totalidad del mismo, era una verga roja y grande, a la que había provocado esa erec- ción. Me apetecía acariciarla y además mamársela, mi exaltación iba en aumento, y con algo de aprensión, resolví llevarla a mi boca. El contacto de mis labios con ese miembro, hizo que mi boca se apoya- se en el extremo de ese vigoroso instrumento, que lentamente fui intro- duciendo en mi viciosa boca, mientras mi lengua palpaba su roja cabeza. El lamido de mi vagina por una de las lenguas, hacían que mi exci- tación prosperase rápidamente, y mi boca se apoderaba cada vez con mayor desesperación de esa verga, llegándome a atragantar. Comencé a chupar con mayor ahínco y perseverancia, ese corpulento miembro, mientras mi pequeña vagina supuraba cada vez mas mi flujo. A la vez que mi corazón palpitaba se aceleraba aumentando mi ritma cardiaco, ese momento que estaba disfrutando. De vez en cuando alguno de esos perros me pisaba, transportándome a la realidad, mi olor a hembra en celo parecía atraerlos cada vez más,