Lascivia No 63 Enero 2020 Lascivia 63 Enero 2020 | Page 266

Diego siguió manoseándola sin compasión. La empotró contra la pa- red, de espaldas a él y le sujetó las manos con una de las suyas. Esos me- ses de gimnasio a escondidas le habían servido para ganar fuerza y mus- culatura, y su madre no suponía ningún problema a la hora de contener. Le levantó completamente la camiseta y le sacó las grandes mamas del sujetador sin siquiera quitarlo. Con una sola mano, grande y firme, las juntó y jugueteó con los pezones, notándolos endurecerse tanto como, al parecer, su durísima polla que se clavaba entre las nalgas de su pre- ciosa progenitora. —Aaah joder…cómo quiero follarte, mamá —jadeó, apretándole los pe- chos y mordiéndole el hombro —. No sabes lo que he sufrido por esto, porque eres una puta calientapollas desde que soy capaz de recordar. Le soltó las manos y le bajó los leggins que solía llevar para estar en casa. Se sorprendió al ver una atrevidísima ropa interior de color negro, de satén y encaje, que hacía tiempo que no le veía. —¿Y estas braguitas, mami? —le preguntó al separarle las piernas, para pasar una mano por entre ellas y llegar a su intimidad. Ella se mordió el labio. —Son… Son para ti, mi amor —contestó ella, gimiendo. Diego paró en seco. —¿Cómo que son para mí? Ella se separó ligeramente de la pared, con el pelo revuelto, la camise- ta subida y los senos fuera del sujetador. Trató de buscar la mirada de su hijo. —Me las he puesto para ti, cariño. Diego agitó la cabeza, sin comprender demasiado bien ese cambio de