Lascivia No 63 Enero 2020 Lascivia 63 Enero 2020 | Page 262

La chica estaba tumbada en la cama, dándole la espalda a la puerta. —¿Puedo pasar, cariño? —preguntó, entrando sin invitación. No recibió ninguna respuesta, pero se acercó a la cama, intentando no hacer mucho ruido. Se sentó, al lado de su hija y le acarició el cabello con cuidado, para despertarla con cariño. Marina abrió los ojos y miró vagamente a su madre. —¿Qué pasó anoche, mi amor? —preguntó Lola, sin dejar de acariciarla. —Mamá… —la chica se encogió y se llevó las manos a la cara —No lo recuerdo del todo, pero… —sollozó—. Diego me violó. Ojos abiertos Cuando finalmente salió de la habitación, Lola tenía claro lo que iba a decirle a su hijo. Con aquello había sobrepasado cualquier límite imagi- nable. Había violado a su hija, eso tenía que acabar. Se sentó en el sofá, el mismo donde había empezado todo once años antes, y esperó pacientemente a que su hijo volviera. Dónde estaba y con quién era lo que menos le importaba. Pasadas las diez de la noche Diego llegó y su madre dio un respingo, recolocándose al oír las llaves en la cerradura. Cuando entró al salón y la vio allí sentada, con un semblante terriblemente serio, supo que no presagiaba nada bueno. —Hola mami, ya estoy en casa —dijo él, fingiendo un tono infantil. —Hola hijo —contestó ella, gélida—. Siéntate, por favor. Él se acercó arrastrando ligeramente los pies y se sentó al lado de la única que, alguna vez, había podido representar una figura de autoridad para él.