Lascivia No 63 Enero 2020 Lascivia 63 Enero 2020 | Página 260

—Bueno, gracias por traerla… Yo me quedo con ella, puedes irte a la cama, hijo. —Vale, mamá, buenas noches —dijo Diego con una sonrisa, y le besó la mejilla, muy cerca de la comisura de los labios —déjala que descan- se—. Le acarició el mentón con el dorso de la mano —ha tenido una no- che movidita. La madre se quedó mirando a su hijo, intentando deducir el significa- do de sus palabras y de aquella sonrisa que, por unos segundos, había cruzado los labios de su hijo. Diego salió y cerró la puerta y Lola corrió a poner el pestillo para que no volviera a entrar. Como pudo, desnudó a su hija, con extremo cuidado. Le subió el vesti- do y se lo pasó con cariño por la cabeza, dejando desnudo ese cuerpeci- to de piel tostada. Los pechos pequeños y firmes, y una figura esbelta y moldeada. Sonrió al pensar que esa preciosidad era sangre de su sangre. Sacó de debajo de la almohada el camisón de su pequeña y se lo colocó con cuidado, tapando su desnudez. Cómo pasaba el tiempo…su pequeña ya era una mujer. Mientras le bajaba el camisón se fijó en un detalle que no habría per- cibido si no hubiese estado tan cerca. Sus braguitas, negras, lucían una mancha de un color blancuzco. Miró con curiosidad, se mordió el labio, y con cuidado, se las bajó. Vio como de entre los labios de ese coñito perfectamente depilado es- capaba un líquido blanco y espeso, el mismo que había en la ropa inte- rior. Era semen. Al día siguiente Marina no desayunó. Tampoco comió. Por la noche y aprovechando que Diego había salido a tal como él había dicho, airear- se, Lola decidió que ya la había dejado dormir lo suficiente y fue a bus- carla a la habitación.