Lascivia No 63 Enero 2020 Lascivia 63 Enero 2020 | Page 258

Se bajó el pantalón y el bóxer, liberando una tremenda erección y si- guió metiéndole mano, sobándole también los pechos por encima del vestido y colocando una de sus alcoholizadas manos sobre el miembro. —¿Dddiego? ¿Qué haces? —Nada, mi amor, nada. Tú tranquila. Metió los dedos por el pronunciado escote, colándolos incluso por den- tro del sujetador, y le toqueteó uno de los pequeños pero sensuales pe- chos. Marina, instintivamente, alargó uno de sus brazos para intentar abrir la puerta del ascensor, pero el hermano fue más rápido y consi- guió tocar todos los botones, aprovechándose de la memoria del eleva- dor y mandándolo a un periplo por todos los pisos. —Esto no está bien —dijo ella casi desmayada. El hermano agarró la goma de sus braguitas y consiguió bajársela has- ta los tobillos, le dio la vuelta con cuidado y la acomodó contra la pared de espaldas a él. Movió entonces lo suficiente el vestido hasta conseguir que la apertura le mostrase su deseable trasero y restregó su palpitante bulto por sus glúteos. —No pasa nada preciosa, soy yo, soy Diego. Le agarró entonces por las caderas y, colocando el glande en la entrada de su vagina desde esa posición la penetró despacio, sin demasiada difi- cultad, hasta que sus testículos chocaron contra las nalgas. —¡¡Ohh!! ¡¡Ohh!! ¡¡¡Mmm!!! Al estado casi catatónico de la hermana se sumó la incontrolable exci- tación de él, que sin más miramientos siguió moviendo las caderas, sin- tiendo su falo envuelto en aquel ansiado y placentero conducto. —¡¡Ahh!! ¡¡¡Ah!!! ¡¡¡Ah!!!