Lascivia No 63 Enero 2020 Lascivia 63 Enero 2020 | Page 234
tenía los ojos completamente cerrados. La manta se había desplazado
hasta la cintura y mostraba un espectacular canalillo por encima del ca-
misón. Su pelo, alborotado, le cubría la frente y se amontonaba casi en
un moño.
Los últimos años el objeto de perversiones del muchacho había sido
su hermana, pero aquella imagen le pareció irresistible y, aunque solía
necesitar más tiempo antes de volver a apetecerle, notó como su entre-
pierna se endurecía rápidamente. Sus ojos seguían clavados en el espec-
tacular escote, en las dos generosas mamas que parecían suplicar ayuda
para salir y liberarse. Sin darse cuenta una de sus manos ya frotaba el
bulto por encima del pijama, sin perder detalle de la espectacular mujer
de treinta y un años que era su madre.
No pudo resistirse, se bajó el pantalón y comenzó a masturbarse, em-
pezando lo que sería una fulgurante paja.
—Mmm ¡Mmm!
Estaba más excitado de lo que recordaba en los últimos meses, a punto
de perder el control.
—¡Mmm! ¡¡Mmm!! ¡Oh!
Poseído por el deseo, se acercó un poco más a ella y retiró la maltrecha
manta, mostrando ahora sus esbeltas y sensuales piernas y parte de su
espectacular nalga que el camisón no conseguía cubrir.
—¡Oh! ¡Ohh!
Volviendo al lugar donde se sentía seguro, justo detrás de su cabeza,
prosiguió con los placenteros tocamientos. Pero aquella última acción
había sido demasiado arriesgada. Lola no tenía el sueño tan pesado de
su hija, y poco a poco fue abriendo los ojos. Aturdida, no tenía visión de
su hijo, pero podía oírlo detrás de ella, intentando ahogar sus gemidos.
Miró al frente recordando el enorme espejo que decoraba una de las pa-
redes, idea de los abuelos para que la casa pareciera más grande. Pudo