Lascivia No 63 Enero 2020 Lascivia 63 Enero 2020 | Page 232
días. Uno en el que le iba a costar correrse. Siguió masturbándose, pero
la frustración empezó a adueñarse de la situación, desplazando incluso
al placer.
—Joder —susurró.
Al borde del fracaso, el joven decidió correr un riesgo nunca asumido
hasta entonces. Dejó las caricias y, con mucho cuidado, comenzó a des-
abrochar la blusa de su hermana. Botón a botón al ver que ella seguía
completamente inmóvil. Conseguido el primer paso, abrió la prenda de-
jándole una preciosa vista del torso desnudo de su hermana, con los bo-
nitos pechos sin más protección. Con el nuevo paisaje retomó los toca-
mientos mucho más animado.
—Mmm, ¡mmm! —gimió entre dientes, procurando no hacer ruido.
Poco después pudo notar como le flaqueaban las piernas, síntoma in-
equívoco de que el orgasmo estaba por llegar. Normalmente eyaculaba
en una servilleta de la que después se deshacía, pero aquella noche se
sentía más travieso de lo normal. Inclinándose, apuntó hacia los pechos
de su hermana y se derramó sobre ellos entre espasmos que casi le ha-
cen perder el equilibrio. Se cercioró de que estuviera dormida y, al ver
que seguía impasible, decidió cerrarle la blusa, pero sin abrocharla de
nuevo, tapándola luego con la sábana. Le pareció muy morboso ver su
reacción en unas horas, mal vestida y pegajosa.
A la mañana siguiente, Marina, se despertó completamente atontada
y, sin ni siquiera dar los buenos días, fue directa la ducha. Diego pudo
ver de refilón uno de sus pechos al salir de la habitación, escapándo-
se entre la blusa abierta, pero ella pareció no darle ni la más mínima
importancia.
Se levantó él con intención de ir a la cocina y desayunar, cuando en el
salón se encontró a su madre dormida en el sofá, con el televisor aún
encendido. Le pasaba habitualmente. Se quedaba hasta tarde viendo la
tele tumbada y tapada con una manta y decidía que no valía la pena irse
al dormitorio por unas horas. Se acercó un poco más y comprobó que