Lascivia No 63 Enero 2020 Lascivia 63 Enero 2020 | Page 230

manoseó sin permiso. —Pero, ¡¿qué haces?! ¡Imbécil! —le increpó, pero sin retirarle la mano. —¡Cállate ya, tonta! —dijo él concentrado en los dos frentes. Siguió toqueteándola a ella y a sí mismo, pero su pene estaba perezo- so y estresado. Terminó con el seno y agarró la muñeca de la herma- na, llevando su mano sin previo aviso hasta su entrepierna y frotándo- se con ella. Marina ya no sonreía, sopesaba la posibilidad de cruzarle la cara con un guantazo, pero también se sentía algo culpable por haberle provocado. —¿Quieres parar? Rarito —se limitó a decir. —¡Va Marina! Por favor…tócame un poco, no pasa nada. Va… —Pero, ¡¿qué estás diciendo?! —Por favooooor —siguió suplicando— es para que lo veas. A la melliza le sorprendió lo infantil que podía ser a veces y cómo ha- bía podido caer en aquellas provocaciones. Finalmente, previo poner los ojos en blanco por tercera vez, agarró el aturullado falo y lo sacu- dió con desgana. Diego notó rápidamente el cambio. Con los dedos de la melliza jugueteando con sus genitales experimentó un sorprendente e incontrolable placer, soltando incluso un par de gemidos y congratulán- dose al ver su carne triplicar el tamaño. —¡Ah! ¡Ahh! La hermana no era capaz de mirar, abochornada, pero no dejó de subir y bajar la piel del inexperto chico. —¡Ah! ¡Ah! ¿Lo ves Marina? ¿Lo ves ahora? ¡Oh! Marina observó de reojo el erecto miembro y decidió que ya era