que se levanta toda la construcción, que completan la armonía geométrica del
conjunto. Estos minaretes tienen una exclusiva función formal, para resaltar la El
material constructivo es el ladrillo forrado de placas de mármol blanco, cuyo tono
cambia según la luz del día, creando una sutil variación que produce una
sensación de tranquilidad inmaterial. La decoración geométrica y floral, con
incrustaciones de lapislázuli, coral, ámbar y jade, enmarca todos los vanos del
edificio y se completa con versículos del Corán incrustados en piedra negra.
Además de impulsar la construcción del Taj Mahal, el sultán Shah Jahan fundó la
ciudad de Shajahanabad (Viejo Delhi), ampliando el palacio-fortaleza (1639-48)
que alberga la magnífica mezquita de La Perla (1646-54). Los edificios erigidos
bajo su reinado dan muestra del poder y vitalidad de las dinastías mogolas.
Declive
y
restauración
Una vez terminado, el Taj conservó su esplendor hasta el declive del Imperio
mogol durante el siglo XVIII, cuando todo el monumento cayó en abandono. Bajo
la ocupación inglesa de India en el siglo XIX, el lugar era a veces utilizado para
fiestas al aire libre, en las que las bandas militares llenaban con su música el aire
nocturno desde las terrazas. Fue en una de esas ocasiones cuando la esposa de
un oficial declaró, contemplando el Taj: «Me moriría mañana con tal de tener sobre
mí otro igual.»
Otros dos británicos son citados a menudo en relación con el Taj Mahal, por
razones buenas y malas. El primero, lord William Bentinck, gobernador general de
India (1828-1835), pretendió desmembrar el Taj y embarcar sus pedazos hacia
Inglaterra para su subasta. Afortunadamente, el público Victoriano estaba tan poco
interesado en una subasta pública de mármol procedente del fuerte de Agrá que el
proyecto fue abandonado. En cambio, lord Curzon, virrey de India (1898-1905) fue
un dedicado conservador que hizo mucho por la restauración de los monumentos
culturales indios, incluida la renovación del Taj, con el fin de que su gloria pudiese
ser disfrutada tanto por la posteridad como por su creador.
Tiene un triste final la historia del sha Yahan. Su reinado llegó a su fin en 1658,
cuando su intrigante hijo Aurangzeb usurpó el trono y confinó a su padre en el
fuerte de Agrá. Durante sus últimos años, hasta su muerte en 1666, el viejo
emperador solía contemplar desde los altos muros del fuerte, al otro lado del río
Yamuna, la silueta del monumento conmemorativo de su esposa. Finalmente, el
sha pudo reunirse con ella, ya que yace a su lado bajo la gran cúpula de mármol.
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