LaCharca Revista Cultural PRIMAVERA 2016. Número 10. | Page 40
Los músicos y los bailarines tenían una
estrecha colaboración artística, que
reivindica Jaqui Malone en su artículo
en Jazz Music in Motion: Dancers and
Big Bands; y cada noche se retaban e
incitaban a tocar y a bailar con más
swing.
En el Savoy se juntaban los bailarines
para competir en la esquina conocida
como el ‘cat’s corner’, improvisando y
creando nuevos pasos constantemente en respuesta a los músicos. Herbert
White (encargado del Savoy) creó agrupaciones con los mejores bailarines, algunos muy jóvenes, y los profesionalizó en los Whitey’s Lindy Hoppers, que
dieron a conocer el Lindy en giras por
EEUU, con números inigualables en
películas como Hellzappopin’ (1941) o
Day at the Races (1937). Los bailarines de Whitey también hicieron giras
por Europa, Australia y Brasil (aunque
no llegaron a España, en esos momentos inmersa en la guerra civil). El Lindy
Hop lo bailaban los chicos y chicas de
Harlem porque la música swing sonaba por todas las esquinas del barrio,
y porque era el baile de moda– el hip
hop de su día-. Entre sus bailarines
destacan ‘Shorty’ George Snowden,
Leon James, Al Minns, Norma Miller
y el creador, coreógrafo y bailarín de
Lindy Hop más influyente, Frankie
Manning, al que le debemos los espectaculares pasos aéreos y la inspiración
por seguir bailando.
Shim sham time – el Lindy Hop
global
40
Entre finales de los 40 y los 80 prácticamente se dejó de bailar swing. Después de la guerra cambiaron los gustos
musicales y los hábitos– el jazz evolucionó hacia el Bebop, después llegarían
el rock ‘n roll, el disco… se introdujeron nuevos impuestos en los salones de baile en EEUU y el modelo de
Big Band se hizo insostenible. Frankie
Manning tuvo que colgar los zapatos
de baile a finales de los 40 y convertirse en funcionario de Correos, oficio
que desempeñó durante más de treinta años, hasta que recibió una llamada
a finales de los 80 buscando ‘al bailarín Frankie Manning’. A partir de ese
momento, gracias al entusiasmo de
un grupo pequeño de apasionados del
Lindy Hop y de Frankie, que siguió bailando y enseñando hasta los 94 años,
y otros antiguos bailarines del Savoy,
empezó el renacer de esta danza principalmente entre Nueva York, Londres
y Suecia. Desde los años 90 el Lindy
Hop se ha extendido imparable por el
planeta con festivales todos los fines
de semana (en Europa, EEUU, Sudamérica, Australia y Corea del Sur).
El Lindy Hop es un legado vivo de Harlem que disfrutan miles de lindy hoppers y aficionados del jazz diariamente, una pequeña parte de un legado
cultural que incluye artistas como Billie Holiday, Josephine Baker o Langston Hughes. A veces la afición por la
música conduce al baile, y otras veces
el disfrute del baile nos lleva redescubrir una música olvidada. El Lindy Hop
atrae por muchos motivos diferentes y
algunos nada nostálgicos – su dinamismo, las fiestas, los viajes…- pero sobre
todo por ser el baile de la sonrisa contagiosa. En España la fiebre del swing
empezó en Barcelona y en los últimos
años ha saltado a Madrid, extendiéndose a otras localidades desde Sevilla a
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