LaCharca Revista Cultural PRIMAVERA 2016. Número 10. | Page 14
Teseo y el centauro. Anamorfosis. Carmen González.
realidad y de las cosas; y Rothko me
encanta no solo por su obra sino por
su persona, por su idealismo y por la
fidelidad a su trabajo. Rothko de algún
modo nos enseñó que el drama humano también puede adoptar la forma de
algo bello.
Por otro lado, el cine y la literatura
también forman parte de mis referentes porque siempre han estado muy
presentes, quizá no tanto en mi obra
pero sí en mi vida; me hacen ser lo
que soy y me han modelado de alguna
manera.
¿Qué momento o momentos
destacarías como determinantes
para tu desarrollo como artista?
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Son muchos momentos que se han ido
encadenando; de pequeña me gustaba ver a mi padre pintar y que la casa
oliera a óleo, luego la exposición de
Zurbarán que citaba antes, la primera
visita al Museo del Prado y mi primera estancia en Londres con una beca
y donde se abrió una perspectiva muy
amplia para mí.
Antes de esa estancia, fue relevante
el contacto con algunos profesores
de la facultad como Eduardo Quesada
Dorador o Simón Zabell; y después el
contacto con Soledad Sevilla, que me
inculcó la confianza en el trabajo. Sin
embargo, también considero determinante mi momento actual, el hecho de
que en dos años dejaré de ser artista
emergente y quiero analizar el contexto del arte joven, su viabilidad, sus canales y sus métodos de subsistencia.
Hablemos de tu proceso creativo. ¿Qué te inspira? ¿Cómo te
enfrentas al lienzo? ¿Partes de
una idea sólida o esta va cobrando forma mientras pintas?