La Valla. 100 artistas en la frontera sur. Octubre 2014 | Page 108

Carlos Berzosa La valla Carlos Olalla No dejéis nunca de mirarnos a los ojos Presidente de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) Una de las características del mundo que surgió de las cenizas de la segunda guerra mundial fue la división. Un mundo dividido entre comunismo y capitalismo, entre desarrollo y subdesarrollo. El muro de Berlín fue el símbolo de la separación entre sistemas económicos distintos, las vallas de Ceuta y Melilla lo son de la diferencias de los niveles de desarrollo. El muro de Berlín cayó y con ello se derrumbó el comunismo, pero otros muros visibles e invisibles se alzan a lo largo y ancho del mundo. Mientras que se predica las ventajas de la globalización y se propone por gran parte de economistas y políticos la libre circulación de capitales y mercancías se niega la libertad de circulación de las personas. Es la libertad del mercado pero no de las personas que son tratadas peor que los objetos materiales y el dinero. El mundo actual refleja las dos caras de la opulencia y la miseria. Las grandes desigualdades no solamente lo son en el nivel de renta y riqueza sino que también son de género, derechos humanos e igualdad de oportunidades. Las vallas son el reflejo de estas desigualdades y son el elemento más significativo de que los países ricos tratan de impedir la llegada de los emigrantes y refugiados para que no compartan la prosperidad de estos países y se les niega incluso que recojan las migajas que caen de la mesa de la abundancia. Las vallas atentan contra los derechos humanos que se dice defender, al tiempo que se llenan de concertinas para desmotivar a saltarla dañando y causando heridas a los que pretenden superar esta gran barrera. A bastantes de los que lo consiguen se les devuelve en caliente al país en el que se encontraban preparados para dar el salto, violando una vez más los derechos humanos y tratados internacionales. Se vive una situación de angustia y de inhumanismo pues no solamente se producen violaciones de los derechos, sino que se atenta contra la integridad física de las personas. La tragedia se vive diariamente sin que se den respuestas políticas, sociales y económicas a este drama que afecta a tantas personas. La insensibilidad crece entre los ciudadanos del mundo rico al tiempo que determinados medios de comunicación pretenden justificar las medidas represivas ante el peligro que exageran de que estamos sufriendo la invasión de los parias de la tierra. Aquí no caben todos se dice y no se puede resolver el problema de tantas gentes que sufren privaciones o que huyen por motivos políticos, violencia de género o de territorios en guerra. Es una manera de calmar la mala conciencia que esto genera. Pero el compromiso como ciudadanos nos debe llevar a denunciar tanta violencia contra las personas y actuar en consecuencia. 108 Venís del Sur, venís con vuestros sueños para traernos vuestra pasión por vivir. Atrás dejáis el sufrimiento, el dolor, la injusticia, la guerra, el hambre o la miseria. Llamáis a nuestra puerta, pero nadie abre. Pedís ayuda, pero nadie responde. Miráis a nuestros ojos, pero nadie os ve. No quieren que os veamos. Os quieren lejos, muy lejos, solo en el periódico o la televisión. El odio y la ignorancia con el que nos educan, con el que nos mienten, permite que nuestros políticos levanten vallas cada vez más altas. Ellos, que llamaban muro de la vergüenza al muro de Berlín, levantan hoy esas vallas que, como nuevos muros de la vergüenza, intentan negaros la entrada a un mundo que es tan vuestro como nuestro, porque la dignidad, la justicia, el amor o el hambre no saben de fronteras. Intentan alejarnos de vosotros negándoos un nombre, convirtiéndoos en un adjetivo, siendo un número, ocultando que sois personas, haciéndoos invisibles. No dejéis nunca de mirarnos a los ojos, porque solo en vuestra mirada, solo en vuestros ojos, hallaremos la luz de nuestro corazón, esa luz que hace desaparecer la ignorancia y el odio. No dejéis nunca de mirarnos a los ojos. Sois nuestra esperanza.