NOVELA POR ENTREGAS
54
3º Entrega
Asuntos de la firma me hicieron trasladarme a Hamburgo durante un par de semanas y nos despedimos hasta pronto. Durante en ese viaje me sorprendí recordándola a menudo. Su imagen se colaba entre mis últimos pensamientos del día, aparecía por sorpresa entre mis informes o me hacía perder el hilo de una reunión.
Cuando volví a París Linda estaba ya sumergida en la vida estudiantil de la ciudad: Fiestas, amigos … pero nunca faltaba a su cita semanal conmigo. Solía aparecer por la Defense los días en que mi agenda me permitía llevarla a almorzar. Al principio la llevaba a un café que había junto al edificio, pero después, a medida que nuestras citas fueron más habituales, nos alejamos de la zona. No me gustaba pensar que aquello pudiese levantar rumores equivocados entre los siempre suspicaces empleados… ¿Pero estarían acaso equivocados? Yo lo justificaba todo diciéndome que aquella era la misión
¿Pero estarían acaso equivocados? Yo lo justificaba todo diciéndome que aquella era la misión encargada por su padre: “Vigílala” me dijo, y eso era lo que hacía. Aunque en el fondo, como siempre ocurre, estaba nunca faltaba a su cita semanal conmigo. Solía aparecer por la Defense los días en que mi agenda me permitía llevarla a almorzar. Al principio la llevaba a un café que había junto al edificio, pero después, a medida que nuestras citas fueron más habituales, nos alejamos de la zona. No me gustaba pensar que aquello pudiese levantar rumores equivocados entre los siempre suspicaces empleados… ¿Pero estarían acaso equivocados? Yo lo justificaba todo diciéndome que aquella era la misión encargada por su padre: “Vigílala” me dijo, y eso era lo que hacía. Aunque en el fondo, como siempre ocurre, estaba la verdad. Soñaba con poseerla. Era un sentimiento irrechazable, superior a todas mis fuerzas. Y sobre todo Nuevo. Jamás en mi vida había sentido tal atracción por una mujer. Soñaba con sus labios brillantes, con el olor a champú de su cabello, con su cuello y su piel de leche. Soñaba con sus piernas, con sus senos, soñaba con besar cada lunar de su cuerpo.
A medida que pasaban las semanas, comencé a pensar que Linda también sentía algo por mí. Supongo que sus señales eran obvias, pero después de una vida entera renegando de los asuntos del amor, yo estaba tan ciego como un topo. Tuvo que ser ella la que destapara la caja de Pandora.
Y lo hizo con una malvada sutileza. Un día, mientras tomábamos un café después de almorzar, me confesó que había conocido a un chico, un pintor bohemio que vivía en una buhardilla al estilo de los artistas malditos, y se había enamorado de él.
Y lo hizo con una malvada sutileza. Un día, mientras tomábamos un café después de almor“almorzar, me confesó que había conocido a un chico, un pintor bohemio que vivía en una buhardilla al estilo de los artistas malditos, y se había enamorado de él.
Y lo hizo con una malvada sutileza. Un día, mientras tomábamos un café después de almor“almorzar, me confesó que había conocido a un chico, un pintor bohemio que vivía en una buhardilla al estilo de los artistas malditos, y se había enamorado de él.
Y lo hizo con una malvada sutileza. Un día, mientras tomábamos un café después de almor“almorzar, me confesó que había conocido a un chico, un pintor bohemio que vivía en una buhardilla al estilo de los artistas malditos, y se había enamorado de él.
Y lo hizo con una malvada sutileza. Un día, mientras tomábamos un café después de almor“almorzar, me confesó que había conocido a un chico, un pintor bohemio que vivía en una buhardilla al estilo de los artistas malditos, y se había enamorado de él.
Y lo hizo con una malvada sutileza. Un día, mientras tomábamos un café después de almor“almorzar, me confesó que había conocido a un chico, un pintor bohemio que vivía en una buhardilla al estilo de los artistas malditos, y se había enamorado de él.
Y lo hizo con una malvada sutileza. Un día, mientras tomábamos un café después de almor“almorzar, me confesó que había conocido a un chico, un pintor bohemio que vivía en una buhardilla al estilo de los artistas malditos, y se había enamorado de él.
HISTORIA DEL CRIMEN PERFECTO
Mikel Santiago