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La Mariología de la Madre Ágreda
esta obra ha recibido del cielo luces y gracias especialísimas; que ha sido purificada por los mismos ángeles y aclamada de blancas vestiduras y un cíngulo precioso; que ella no es más que un instrumento en manos de Dios; que esta obra ha sido aprobada solemnemente por la misma Ssma. Trinidad; que describe misterios y sacramentos que estuvieron ocultos a la primitiva Iglesia y ahora le han sido reveladas para utilidad de la Iglesia: que solo contiene verdades ciertas y no meras opiniones. Si todo esto es cierto, la MCD debe ser venerada por la Iglesia ' como un Libro canónico, y más que los otros canónicos, y como un nuevo y santo Evangelio de María santísima '»( nn. 4- 15). « Pero en realidad los misterios y sacramentos de la MCD no han sido revelados por Dios, sino que son meras y puras ilusiones de Sor María de Jesús, contrarias a la
180 verdad y a lo que enseñan las Sagradas Escrituras y la tradición de la Iglesia. Para convencerse de esto basta reflexionar sobre algunas pocas doctrinas-de entre las muchísimas- particulares que hallamos en la MCD ». « Estos y otros innumerables que omitimos-concluye el censor- son los misterios que Sor María de Ágreda pretende han quedado reservados por Dios para revelarlos a la Iglesia valiéndose de ella, como de mero instrumento; misterios que han sido aprobados por la Santísima Trinidad y que deben ser creídos so pena de agraviar a Dios y a la Virgen. Aun cuando muchas de las cosas que acaban de enumerarse parezcan inverosímiles, tonterías y poco conformes a lo que se lee en los Evangelios y en las Escrituras, y a lo que enseña la tradición universal. Y hasta poco decorosas para la Iglesia y ocasión de que los herejes se burlen de sus enseñanzas( n. 39)”.
Y otro censor, también nombrado por Clemente XII
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, afirma: « La
66,( Tal texto no está publicado, agradecemos al Dr. A. Artola que nos haya proporcionado un ejemplo).
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El subrayado es nuestro; los Censores generalizan, pero no aducen en concreto cuáles son las erróneas interpretaciones de la Escritura.
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A. ARTOLA, Dictamen histórico-teológico, p. 72.