LA MARAVILLOSA VIDA DE OSCAR WAO la maravillosa vida breve de oscar wao | страница 64

No te atrevas, empezó mientras la hornilla se encendía. Que ni se te ocurra... La peluca ardió enseguida, como la gasolina, como una es- túpida esperanza, y si no la hubiera lanzado al fregadero tam- bién me hubiera quemado la mano. El olor fue horrible, como el de todos los productos químicos de todas las fábricas de Elizabeth. Ese fue el momento en que trató de pegarme, y cuando yo le di a ella, retiró la mano como si yo fuera el fuego. Por supuesto que todos pensaban que yo era la peor hija del mundo. Mi tía y mis vecinos me repetían, Hija, es tu madre, se está muriendo, pero yo no los oía. Cuando le di en la mano, se abrió una puerta y yo no le iba a dar la espalda a esa abertura. Pero Dios, ¡cómo peleamos! Enferma o no, muriéndose o no, mi mamá no se iba a rendir fácilmente. No era ninguna pendeja. La había visto abofetear hombres, empujar a policías blancos hasta hacerlos caer de culo, maldecir a un grupo entero de bochincheras. Nos había criado a mí y a mi hermano sola, había tenido tres empleos a la vez hasta que pudo comprar la casa en la que vivíamos, había sobrevivido al abandono de mi padre, había venido de Santo Domingo ella sola y contaba que de joven la habían atropellado, quemado y dejado por muerta. No había manera que me soltara sin matarme antes. Figurín de mierda, me llamaba. Te crees que eres alguien, pero no eres nada. Hurgaba, como siempre, buscando el punto flaco, queriendo destruirme como siempre, pero yo nc dejé que me debilitara, no había manera de que me pudiera vencer esta vez. Fue la sensación de que mi verdadera vida me esperaba del otro lado de todo esto lo que me dio audacia. Cuando botó mis afiches de los Smiths y Sisters of Mercy —Aquí no quiero maricones— los reemplacé. Cuando amenazó con destruir mi ropa nueva, empecé a guardarla en el locker de la escuela y en casa de Karen. Cuando me dijo que tenía que dejar mi trabajo en la cafetería griega, le expliqué a mi jefe que a mi mamá la