LA MARAVILLOSA VIDA DE OSCAR WAO la maravillosa vida breve de oscar wao | Page 60
baba contigo. Qué muchacha tan fea, decía disgustada, botando
en el fregadero lo que quedaba de su café. Fea pasó a ser mi
nuevo nombre. Bueno, en verdad no era nada nuevo. Ella había
dicho cosas parecidas toda la vida. Como madre nunca se
hubiera ganado ningún premio, créanme. Se podría decir que
era una madre ausente: si no estaba en el trabajo, estaba
durmiendo, y cuando estaba despierta parecía que todo lo que
hacía era gritar y golpear. De niños, Óscar y yo le teníamos más
miedo a mi mamá que a la oscuridad o al cuco. Nos golpeaba
dondequiera, delante de cualquiera, con las chanclas y la
correa, pero ahora, con el cáncer, ya no podía hacer mucho. La
última vez que intentó caerme encima fue a causa de mi pelo,
pero en vez de acobardarme o salir corriendo, le pegué en la
mano. Fue un reflejo más que cualquier otra cosa, pero una vez
que sucedió sabía que no podía arrepentirme jamás, así que
mantuve el puño apretado, esperando lo que viniera: que me
mordiera, como le había hecho una vez a una señora en el
Pathmark. Pero ella se quedó parada, temblando, con su peluca
estúpida y su bata estúpida, con dos prótesis enormes de
espuma en su brasier, el olor de la peluca ardiendo en el aire.
Casi me dio pena. ¿Así es como tratas a tu madre?, protestó. Si
hubiera podido, le hubiera regalado el resto de mi vida en ese
momento. Pero, en cambio, le grité: ¿Así es como tratas a tu
hija?
Las cosas habían estado mal entre nosotras todo ese año.
¿Cómo no iba a ser así? Ella era mi mamá dominicana del
Viejo Mundo y yo su única hija, la que había criado sola, sin
ayuda de nadie, lo que significaba que era su deber aplastarme.
Yo tenía catorce años y estaba desesperada por apropiarme de
un pedacito del mundo que no tuviera nada que ver con ella.
Quería la vida que veía cuando miraba Big Blue Marble de
niña, la vida que me llevó a tener amigos por correspondencia y
a robarme los atlas de la escuela y traerlos a la casa. La vida
que existía más allá de Paterson, más allá de mi familia, más
allá del español. Y en cuanto ella se enfermó vi mi oportuni-
dad, y no voy a mentir o a disculparme; vi mi oportunidad y en