LA MARAVILLOSA VIDA DE OSCAR WAO la maravillosa vida breve de oscar wao | Page 48
Pobre Óscar. Sin darse cuenta había caído en una de esas
situaciones de solo amigos, la perdición de todo nerd. Esas re-
laciones eran la versión amorosa de un castigo en el cepo: te
meten dentro con mucho sufrimiento garantizado, y nadie sabe
qué sacas de la experiencia, aparte de amargura y angustia.
Quizá un cierto conocimiento sobre ti mismo y sobre las
mujeres.
Quizá.
En abril recibió los resultados de su segunda prueba para
entrar en la universidad y, una semana después, se enteró de
que lo habían aceptado en Rutgers New Brunswick. Qué bien,
hijo, lo conseguiste, su mamá comentó, con más alivio de la
cuenta. De acuerdo, entonces ya no tendré que volver a vender
lápices, dijo Óscar. Te va a encantar, su hermana le prometió.
Sé que sí. Nací para ser universitario. En cuanto a Ana, iba
rumbo a Penn State, en el programa de honor, con beca
completa. ¡Ahora mi padrastro can kiss my ass! Fue también en
abril que su ex novio, Manny, regresó del ejército. Ana se lo
dijo durante una de sus salidas al centro comercial Yaohan. El
regreso repentino y la alegría de Ana destruyeron las
esperanzas que Óscar había cultivado. ¿Regresó, preguntó
Óscar, para siempre? Ana asintió. Al parecer Manny tenía pro-
blemas de nuevo, drogas, pero esta vez, Ana insistía, lo habían
traicionado tres cocolos —palabra que él nunca le había oído a
ella, por lo que supuso que la había aprendido de Manny. Pobre
Manny, dijo ella.
Sí, pobre Manny, Óscar murmuró entre dientes.
Pobre Manny, pobre Ana, pobre Óscar. Las cosas cambia-
ron con rapidez. Empezando porque ya Ana no estaba en la
casa a toda hora y Óscar se encontró apilando recados en su
contestadora: Este es Óscar, un oso me está comiendo las pier-
nas, llámame por favor; es Óscar, quieren un millón de dólares
o me matan, llámame por favor; es Óscar, he visto caer un
meteorito extraño y voy a salir a investigar. Ella siempre le
contestaba, pero después de un par de días, y siempre era
agradable, pero... Entonces canceló las citas tres viernes se-
guidos y él tuvo que darse por satisfecho con el tiempo dispo-