LA MARAVILLOSA VIDA DE OSCAR WAO la maravillosa vida breve de oscar wao | Página 300

Soy Isis. Hija de Dolores de León. ¡Ofrézcome! ¡Pasa, chica! ¡Pasa! (Veré que todavía lleva sus azabaches, que tiene las piernas de su mamá, los ojos de su tío.) Le ofreceré algo de tomar y mi esposa freirá sus pastelitos especiales; le preguntaré sobre su mamá del modo más super- ficial que pueda, y sacaré las fotos de nosotros tres en aquellos días, y cuando se haga tarde, la llevaré al sótano y abriré los cuatro refrigeradores donde guardo los libros de su tío, sus juegos, su manuscrito, sus comics -los refrigeradores son la mejor protección contra el fuego, contra los terremotos, contra casi cualquier cosa. Una luz, un escritorio, un catre —lo tengo todo. ¿Cuántas noches se quedará con nosotros? Las que necesite. Y tal vez, solo tal vez, si tiene tanta Inteligencia y valor como espero que tenga, tomará todo lo que hemos hecho y todo lo que hemos aprendido y añadirá sus propias ideas y pondrá fin a la historia. En mis mejores días, esa es mi esperanza. Mi sueño. Pero hay otros días, cuando estoy depre o abatido, cuando me encuentro en el escritorio tarde en la noche, sin poder dormir, pasando las páginas (na menos) de la muy manoseada copia de Watchmen que había sido de Óscar. Una de las pocas cosas que se llevó en su Ultimo Viaje y que pudimos recuperar. El comic original. Paso las páginas -uno de sus tres libros favoritos, sin duda- hasta el horripilante capítulo final: «Un mundo de amor más fuerte». Hasta el único panel que él ha marcado. Óscar— que nunca pintarrajeó un solo libro en toda su vida- marcó el panel tres veces con la misma pluma enfática que usó para escribir sus últimas cartas a la familia. Es el panel donde Adrián Veidt y el Dr. Manhattan sostienen su conversación