LA MARAVILLOSA VIDA DE OSCAR WAO la maravillosa vida breve de oscar wao | Page 30
le gusta parecerse a un antepasado?—, salvo que este
antepasado en particular había terminado sus días en la cárcel.
Óscar siempre había sido un nerd —leía a Tom Swift, le
fascinaban los comics y era fan de Ultraman- pero cuando entró
en la secundaria, su compromiso con la literatura de género ya
era absoluto. En esos días, mientras el resto de nosotros
aprendíamos a jugar pelota contra la pared, a lanzar monedas y
a pasarnos botellas de cerveza a medio tomar sin que nuestros
padres lo advirtieran, él se daba banquete con lecturas de
Lovecraft, Wells, Burroughs, Howard, Alexander, Herbert,
Asimov, Bova y Heinlein, e incluso con los viejos que empe-
zaban ya a decolorarse —E.E. «Doc» Smith, Stapledon y el tipo
que escribió todos los libros de Doc Savage. Iba como un muer-
to de hambre de libro en libro, de autor en autor, de época en
época (tuvo la buena suerte de que las bibliotecas de Paterson
estuvieran tan mal financiadas que todavía tenían en circulación
toda la nerdería de las generaciones anteriores). No había
manera de distraerlo de ninguna película o show de TV o car-
toon donde hubiera monstruos o naves espaciales o mutantes o
dispositivos o cuestiones de destinos del día del Juicio Final o
magia o bandidos malvados. Era solo en estas cosas que Óscar
demostraba el genio que su abuela insistía era parte del patri-
monio familiar. Podía escribir en élfico, podía hablar chakobsa,
podía distinguir entre un slan, un dorsai y un lensman en deta-
lle; sabía más sobre el universo Marvel que el mismo Stan Lee,
y era un fanático de los juegos de rol (si hubiera sido bueno con
los videojuegos, habría sido un slam dunk, pero a pesar de tener
su Atari y su Intellivision, no tenía los reflejos para el asunto).
Quizá si —como yo- hubiera podido ocultar su otakunidad, la
cosa hubiera sido más fácil, pero no podía. Llevaba su nerdería
como un jedi lleva su sable láser o un lensman su lente. No po-
día pasar por Normal no importaba cuánto lo hubiera deseado. 6
6. De dónde salió este amor descomunal por la literatura de género nadie lo
sabe. Puede que haya sido consecuencia de ser antillano (¿quién tiene más de
ciencia ficción que nosotros?) o de haber vivido sus primeros dos años en