LA MARAVILLOSA VIDA DE OSCAR WAO la maravillosa vida breve de oscar wao | Page 296
que me adora, una negrita de Salcedo que no merezco, y al-
gunas veces hasta hablamos vainas de tener hijos algún día. De
vez en cuando la posibilidad me parece bien. Ya no ando atrás
de las jevitas. Bueno, no tanto. Cuando no estoy dando clases o
de coach de béisbol o en el gimnasio o con mi mujer, estoy en
casa, escribiendo. En estos días escribo muchísimo. Desde que
abro los ojos por la mañana hasta que los cierro por la noche.
Aprendí eso de Óscar. Soy un hombre nuevo, ¿ven?, un
hombre nuevo, nuevo.
EN CUANTO A NOSOTROS
Aunque no lo crean, ella y yo todavía nos vemos. Ella, Rubén
El Cubano y su hija se mudaron a Paterson hace un par de
años, vendieron la casa vieja, compraron una nueva y viajan
juntos a todas partes (por lo menos eso es lo que me dice mi
mamá -Lola, siendo Lola, todavía la visita). A veces, cuando
las estrellas están alineadas, me topo con ella en manifesta-
ciones, en librerías donde antes pasábamos tiempo juntos, en
las calles de NYC. A veces Rubén El Cubano está con ella, a
veces no. Pero su hija siempre está presente. Los ojos de Óscar.
El pelo de Hypatía. Su mirada lo ve todo. También es lectora,
si se va a creer a Lola. Saluda a Yunior, le ordena Lola. Era el
mejor amigo de tu tío.
Hola tío, dice ella de mala gana.
Amigo de tu tío, ella le corrige.
Hola, amigo de tío.
Lola lleva el pelo largo ahora y no se lo alisa; pesa un poco
más y ya es menos inocente, pero sigue siendo la ciguapa de
mis sueños. Siempre se alegra al verme, no hay mala leche al-
guna, entienden. Ninguna.
Yunior, ¿cómo estás?
Muy bien. ¿Cómo estás tú?