LA MARAVILLOSA VIDA DE OSCAR WAO la maravillosa vida breve de oscar wao | Page 290

muerto y a su pobre abuela muerta, y quién iba al timón de la guagua sino la Mangosta, y quién era el cobrador sino el Hombre Sin Rostro, pero no fue más que una última fantasía que desapareció en cuanto pestañeó y, cuando el carro se detuvo, Óscar le envió mensajes telepáticos a su mamá (La quiero, señora), a su tío (Déjalo, tío, y vive), a Lola (Lamento tanto lo que ocurrió; te querré siempre), a todas las mujeres que había amado -Olga, Maritza, Ana, Jenni, Nataly y todas las demás cuyos nombres nunca supo— y, por supuesto, a Ybón. 33 Lo hicieron entrar en la caña y luego le dieron la vuelta. El trató de permanecer valientemente de pie. (A Clives lo dejaron amarrado en el taxi y cuando le dieron la espalda se esfumó por el cañaveral; sería él quien le entregaría a Óscar a la familia.) Miraron a Óscar y él los miró a ellos y entonces comenzó a hablar. Las palabras que le salieron parecían pertenecer a otro, eran en buen español por primera vez. Les dijo que lo que hacían estaba mal, que borraban del mundo un gran amor. Que el amor era algo raro, fácilmente confundido con otro millón de cosas, y si alguien sabía que eso era verdad, ese era él. Les habló de Ybón y de la forma en que la amaba y cuánto habían arriesgado y que habían comenzado a soñar los mismos sueños y a decir las mismas palabras. Les dijo que era solo por ese amor que él había podido hacer lo que había hecho, lo que ellos ya no podían detener, les dijo que si lo mataban era probable que no sintieran nada y era probable que sus hijos no sintieran nada tampoco, que no lo sintieran hasta que fueran viejos y débiles o estuvieran a punto de ser atropellados por un carro, y entonces sentirían que él estaba esperando por ellos del otro lado y allá no sería ningún gordo, ningún comemierda, ningún chiquillo a quien ninguna muchacha jamás amó; allí sería un héroe, un vengador. Porque todo lo que uno puede soñar (subió la mano) lo puede ser. 33. «No importa cuánto viajes ... a qué extremo del universo sin fin ... nunca estarás ... ¡ SOLO !» (The Watcher, Fantastic Four # 13 de mayo de 1963).