LA MARAVILLOSA VIDA DE OSCAR WAO la maravillosa vida breve de oscar wao | Page 286
que ya estaba bien y si pudiera tener aunque fuera una semana
a solas con ella, una semanita ñama, entonces todo estaría bien
dentro de él y podría enfrentarse a lo que fuera, y ella dijo: No
entiendo, y por lo tanto él tuvo que repetírselo, que la amaba
más que al Universo y que no era algo que podía sacudirse tan
fácilmente, así que, por favor, ven conmigo por un ratico,
préstame tu fuerza y luego todo terminaría si ella así lo
deseaba.
Quizá ella sí lo amaba un poquito. Quizá muy dentro de su
corazón de corazones hubiera dejado el bolso del gimnasio en
la calle y montado en el taxi con él. Pero toda la vida había
conocido hombres como el capitán, un tipo como ese la había
forzado a trabajar en Europa un año entero antes que le fuera
posible empezar a ganar su propio dinero. Sabía también que
en la RD se le llama poli-divorcio a un balazo. El bolso del
gimnasio no quedó en la calle.
Lo voy a llamar, Óscar, dijo, los ojos un poco humedeci-
dos. Así que por favor vete antes que llegue.
No me voy a ningún lao, dijo.
Lárgate, dijo ella.
No, contestó él.
Entró en la casa de su abuela (todavía tenía la llave). El ca-
pitán se apareció una hora más tarde, tocó el claxon largo rato,
pero Óscar no se molestó en salir. Había sacado las fotografías
de La Inca y examinaba todas y cada una de ellas. Cuando La
Inca regresó de la panadería, se lo encontró garabateando en la
mesa de la cocina.
¿Óscar?
Sí, Abuela, dijo sin levantar la mirada. Soy yo.
Es difícil de explicar, le escribió a su hermana más tarde.
Me imagino que sí.