LA MARAVILLOSA VIDA DE OSCAR WAO la maravillosa vida breve de oscar wao | Page 283

Esto sucedió en enero. Lola y yo vivíamos en los Heights, en apartamentos diferentes... esto fue antes de la invasión de los blanquitos, cuando se podía caminar a todo lo largo de Upper Manhattan sin ver una sola esterilla de yoga. A Lola y a mí no nos iba nada bien. Hay cuentos que contar, pero ninguno viene al caso. Todo lo que necesitan saber es que si hablábamos una vez por semana era mucho, aunque se suponía que éramos novios. Culpa mía, por supuesto. No podía mantener el rabo en los pantalones, aunque ella era la muchacha más hermosa del fokin mundo. De todas formas, yo estaba en casa esa semana, la agencia de trabajo temporal no me había llamado, cuando Óscar tocó el timbre de la calle. Hacía semanas que no lo veía, desde los pri- meros días de su regreso. Coño, Óscar, dije. Sube, sube. Lo es- peré en el pasillo y, cuando salió del elevador, lo agarré y lo abracé. ¿Cómo estás, bro? Estoy copacético, dijo. Nos senta- mos y prendí un fino mientras me contaba. Pronto voy a re- gresar a Don Bosco. ¿Sí?, pregunté. Palabra, dijo. Tenía la cara jodia todavía, el lado izquierdo un poco caído. ¿Quieres darte un toque? Puede que sí. Pero solo un poco. No quisiera nublar mis facultades. Ese último día en el sofá parecía un hombre en paz consigo mismo. Un poco distraído, pero en paz. Le diría a Lola esa misma noche que era porque al fin había decidido vivir, pero la verdad resultó ser un poco más complicada. Debieran haberlo visto. Estaba flaquísimo, había perdido todo el peso y se le veía mansito, manzana.