LA MARAVILLOSA VIDA DE OSCAR WAO la maravillosa vida breve de oscar wao | Page 275

había alzado, desapareció, dejando atrás solo olor a canela quemada y, apenas detrás de un par de tallos, estaba Óscar. In- consciente y sangrando por ambas orejas, a un dedito de la muerte. Clives hizo todo lo que pudo, pero no podía arrastrar a Óscar al carro él solo -¡Aguanta!-, fue a un batey cercano y reclutó a unos braceros haitianos para que lo ayudaran, lo que le tomó algo de tiempo, porque los braceros temían que, si de- jaban el batey, sus supervisores les dieran una paliza tan terri- ble como la que le acababan de dar a Óscar. Al fin, Clives se impuso y corrieron a la escena del crimen. Este es un grando-te, comentó uno de los braceros. Muchos plátanos, bromeó otro. Muchos muchos plátanos, dijo un tercero, y entonces lo levantaron y lo pusieron en el asiento trasero del carro. Tan pronto cerraron la puerta, Clives arrancó y partió. Iba a millón en el nombre del Señor. Los haitianos le tiraron piedras, porque había prometido llevarlos de regreso al batey. ENCUENTROS CERCANOS ESTILO CARIBEÑO Oscar recuerda haber tenido un sueño donde una mangosta conversaba con él. Salvo que la mangosta era la Mangosta. ¿Qué hubo, muchacho?, preguntó. ¿Más o menos? Y por un instante casi dice menos. ¡Tan cansado y tanto dolor! -¡Menos! ¡Menos! ¡Menos!—, pero entonces, en las pro- fundidades de su mente, recordó a su familia. Lola y su mamá y Nena Inca. Recordó cuando era más joven y más optimista. La lonchera al lado de la cama lo primero que veía por la mañana. El planeta de los simios. Más, dijo con voz ronca. _______________ , dijo la Mangosta, y entonces el viento la barrió nuevamente a la oscuridad.