LA MARAVILLOSA VIDA DE OSCAR WAO la maravillosa vida breve de oscar wao | Page 263
tomas o lo dejas. También vestía de joven, pero tenía unos
treinta y seis macizos, la edad perfecta para cualquiera salvo
una stripper. En los close-ups se pueden ver las patas de gallina
y se quejaba todo el tiempo de su barriguita y de que sus tetas y
su culo comenzaban a perder firmeza, razón por la cual,
explicaba, tenía que ir al gimnasio cinco días a la semana.
Cuando uno tiene dieciséis años un cuerpo como este es gratis,
pero cuando tiene cuarenta —¡pffft!— es un trabajo de tiempo
completo. La tercera vez que Óscar fue de visita, Ybón se tomó
los dobles de whisky otra vez y después bajó del closet sus
álbumes y le mostró todas las fotos de cuando tenía dieciséis,
diecisiete, dieciocho años, siempre en la playa, siempre en un
bikini de esos de aquellos años ochenta, siempre con mucho
pelo, siempre sonriendo, siempre con los brazos alrededor de
algún yakoub maduro estilo años ochenta. Al ver a todos esos
viejos blancos y velludos, Óscar no podía evitar sentir cierta
esperanza. (Déjame adivinar, dijo, ¿son tíos tuyos?) Cada foto
tenía una fecha y un lugar escrito en la parte inferior y esto le
permitió seguir la trayectoria de Ybón como puta por Italia,
Portugal y España. Era tan linda en aquellos tiempos, dijo con
nostalgia. Era verdad, su sonrisa habría podido apagar un sol,
pero a Óscar no le parecía menos linda ahora; el leve declive de
su aspecto solo parecía agregar a su lustre (el brillo final antes
del ocaso) y se lo dijo.
Eres tan dulce, mi amor. Se metió otro palo y dijo en voz
ronca: ¿Qué signo astrológico eres?
¡Qué enamorao estaba! Dejó de escribir y empezó a ir casi
todos los días a su casa, incluso cuando sabía que estaba traba-
jando, solo por si se había enfermado o había decidido dejar la
profesión para casarse con él. Las puertas de su corazón se
habían abierto y se sentía ligero, se sentía ingrávido, se sentía
ágil. Su abuela lo jodia constantemente, diciéndole que ni
siquiera Dios quiere a una puta. Sí, dijo su tío, riendo, pero
todos saben que Dios sí ama a un puto. Al tío parecía que le
emocionaba saber que ya no tenía un pájaro por sobrino. No lo
puedo creer, dijo con orgullo. El palomo es un hombre al fin.