LA MARAVILLOSA VIDA DE OSCAR WAO la maravillosa vida breve de oscar wao | Page 259
tuvieron que sentarse en la cama. (Óscar le echó una mirada a
los libros de astrología que había bajo la cama y a una colec-
ción de novelas de Paulo Coelho. Ella le siguió le mirada y dijo
con una sonrisa: Paulo Coelho me salvó la vida.) Le dio una
cerveza, se sirvió un whisky doble, y durante seis horas le
estuvo obsequiando con anécdotas de su vida. Se notaba que no
había tenido a nadie con quien hablar desde hacía mucho.
Óscar se vio reducido a asentir con la cabeza y tratar de reír
cuando ella reía. Estuvo todo el tiempo sudando como una
bestia. Preguntándose si ese era el momento de intentar algo.
No fue hasta a medio camino en la conversación que a Óscar se
le ocurrió que el trabajo del que Ybón hablaba con tanta soltura
era la prostitución. Holy Shít!, la Secuela. Aunque las putas
eran una de las principales exportaciones de Santo Domingo,
Óscar nunca había estado en casa de una prostituta.
Mirando por la ventana del cuarto, vio a su abuela en el
césped, buscándolo. Quería abrir la ventana y llamarla, pero
Ybón no permitía interrupciones.
Ybón era un bicho raro. Puede que fuera habladora, la clase
de mujer sin complicaciones con la que un bróder se podía
relajar, pero también había en ella algo distante: como si (ahora
en palabras de Óscar) se tratara de una princesa alienígena
abandonada que existiera parcialmente en otra dimensión; el
tipo de mujer que, con todo lo fly que era, se le va a uno de la
mente con demasiada rapidez, cualidad que ella reconocía y
agradecía, como si disfrutara de las breves explosiones de
atención que provocaba en los hombres, pero nada sostenido.
No parecía que le molestara ser la muchacha a la que se llama-
ba cada par de meses a las once de la noche solo para ver en
qué «andaba». Era toda la relación que era capaz de mantener.
Me recordaba a las matas de moriviví con que jugábamos de
niños, excepto que al revés.
Susjueguitos mentales estilo Jedi, sin embargo, no funcio-
naban con Óscar. En cuestiones de hembras, el bróder tenía la
mente de un yogui. Cuando agarraba la onda, seguía agarrado.
Para cuando salió de su casa aquella noche y se dirigió a la