LA MARAVILLOSA VIDA DE OSCAR WAO la maravillosa vida breve de oscar wao | Page 241
menores que ella, donde no hizo un solo amigo (jamás lo hu-
biera imaginado de otro modo), y por primera vez en la vida
comenzó a recordar sus sueños. Era un lujo que nunca se ha-
bía atrevido disfrutar y al principio le parecían tan poderosos
como tormentas. Tenía toda una variedad de ellos, desde vo-
lar hasta perderse, e incluso soñó con la Quemadura, con
cómo el rostro de su «padre» había perdido toda expresión en
el momento que agarró la sartén. En sus sueños nunca tenía
miedo. Solo sacudía la cabeza. Te has ido, decía. Nunca más.
Sin embargo, había un sueño que sí la perseguía:
caminaba sola por una casa grande y vacía mientras la lluvia
tatuaba la azotea. ¿De quién era la casa? No tenía idea. Pero
podía oír en ella voces de niños.
Al terminar el primer año, el maestro le pidió que fuera a
la pizarra y escribiera la fecha, privilegio que recibían solo
los «mejores» de la clase. Es una gigante en la pizarra y, en
sus mentes, los niños la llamaban como hacían afuera:
variaciones de La Prieta Quemada o La Fea Quemada.
Cuando Beli se sentó, el maestro echó un vistazo a sus
garabatos y dijo: ¡Bien hecho, Señorita Cabral! Jamás
olvidaría ese día, ni siquiera cuando llegó a ser la Reina de la
Diáspora.
¡Bien hecho, Señorita Cabral!
Jamás lo olvidaría. Tenía nueve años, once meses. En la
Era de Trujillo.