LA MARAVILLOSA VIDA DE OSCAR WAO la maravillosa vida breve de oscar wao | Page 238
incapaz de enderezar el cuerpo debido a la quemadura, La
Inca había mirado fijamente sus furiosos ojos salvajes y visto
a Abelard y a Socorro devolviéndole la mirada. Olviden la
tez negra: era ella. La Tercera y Última Hija. Antes perdida,
ahora encontrada.
Soy tu verdadera familia, le dijo La Inca con fuerza.
Estoy aquí para salvarte.
Y así, en un latido, por un rumor, dos vidas cambiaron
irrevocablemente. La Inca instaló a Beli en el cuarto de su
casa en que su esposo había dormido la siesta y trabajado en
sus tallas. Se ocupó del papeleo para dar identidad a la
muchacha, llamó a los médicos. La quemadura era
increíblemente salvaje. (Ciento diez puntos de daño, como
mínimo.) Una monstruosidad de destrucción enconada que se
extendía de la nuca a la base de la columna vertebral. Un
cráter de bomba, una cicatriz mundial como la de una
hibakusha. En cuanto pudo volver a usar ropa de verdad, La
Inca la vistió e hizo que le tomaran su primera foto delante de
la casa.
Aquí está: Hypatía Belicia Cabral, la Tercera y Última
Hija. Suspicaz, irritada, con el ceño fruncido, poco comuni-
cativa, una campesina herida y hambrienta, pero con expre-
sión y postura que gritaban con letras góticas en negrilla: R E -
BELDE .
De piel morena pero claramente hija de su familia.
De esto no cabía duda. Ya era más alta que Jackie en su
mejor momento. Los ojos del mismo color exacto que los del
padre del que nada sabía.
FORGET - ME - NAUT
De aquellos nueve años (y de la Quemadura) Beli jamás ha-
bló. Parece que tan pronto terminaron sus días en las afueras
de Azua, tan pronto llegó a Baní, echó ese capítulo entero de
su vida en uno de esos envases en que los gobiernos almace-
nan los desechos nucleares, triplemente sellado por láseres
industriales y depositado en las zanjas oscuras, desconocidas
de su alma. Dice mucho de Beli que durante cuarenta años