LA MARAVILLOSA VIDA DE OSCAR WAO la maravillosa vida breve de oscar wao | Page 227
La verdad es que esa vaina es perfecta. Divierte mucho
leerla.
Pero hay otra variante, menos conocida, del relato de
Abelard vs. Trujillo. Una historia secreta según la cual
Abelard no se buscó el lío por culpa del culo de la hija o por
una broma imprudente.
Esta versión afirma que metió la pata por culpa de un libro.
(Adelante theremin, por favor.)
En un momento en 1944 (según cuenta la historia), aun-
que a Abelard todavía le preocupaba tener problemas con
Trujillo, comenzó a escribir un libro sobre —¿qué va a
ser?— Trujillo. Para 1945 ya había una tradición de ex
funcionarios que escribían libros reveladores sobre el
régimen de Trujillo. Pero, al parecer, ese no era el tipo de
libro que Abelard estaba escribiendo. ¡Su propósito, si se va a
creer lo que la gente murmuraba, era exponer las raíces
sobrenaturales del régimen de Trujillo! Un libro sobre los
Poderes Oscuros del Presidente, un libro en que Abelard
sostenía que los cuentos que corrían en el pueblo sobre el
presidente —que era sobrenatural, que no era humano—
podían, en cierto modo, haber sido verdad. ¡Que era posible
que Trujillo, si no de hecho, entonces en principio, fuera una
criatura de otro mundo!
Ojalá hubiera podido leerlo. (Sé que Óscar también.) Tie-
ne que haber sido algo fokin increíble. Ay, pero ese manual
de magia negra del que hablamos (según cuenta la historia)
fue convenientemente destruido después del arresto de Abe-
lard. No sobrevivieron copias. Tampoco su esposa y sus hijas
sabían de su existencia. Solo uno de los criados que lo ayudó
a recolectar a escondidas los cuentos del pueblo, etcétera,
etcétera. ¿Qué puedo decirles? En Santo Domingo, un cuento
no es un cuento a menos que lance una sombra sobrenatural.
Era una de esas ficciones con muchos divulgadores pero cero
creyentes. Como cabría imaginar, Óscar encontraba muy muy
atractiva esta versión de la Caída. Atraía a las profundidades
de su cerebro de nerd. Libros misteriosos, un dictador sobre-
natural, o quizá extraterrestre, que se había instalado en la
primera Isla del Nuevo Mundo y entonces la apartó de todo,