LA MARAVILLOSA VIDA DE OSCAR WAO la maravillosa vida breve de oscar wao | Página 22

Tendrías que haberlo visto, dijo su mamá con un suspiro en sus Ultimos Días. Era nuestro Porfirio Rubirosa 4 en miniatura. El resto de los niños de su edad evitaba a las niñas como si se fueran portadoras del Captain Trips. Pero no Óscar. El pequeño amaba las hembras, tenía «novias» a montones (era un niño, digamos, macizo, con tendencia a la gordura, pero su mamá le proporcionaba buena ropa y se ocupaba de que tuviera un buen corte de pelo, y antes de que las dimensiones de su cabeza hubiesen cambiado, ya tenía esos ojos brillantes y encantadores y esas mejillas lindas, evidentes en todas las fotos). Las muchachas —las amigas de su hermana Lola, las amigas de su mamá, incluso su vecina Mari Colón, una empleada del correo treintona que se pintaba los labios de rojo y caminaba como si tuviera una campana por culo— todas supuestamente se enamoraban de él. ¡Ese muchacho está bueno! (¿Importaba acaso que fuera tan serio y que estuviera tan obviamente falto de 4. En los años cuarenta y cincuenta, Porfirio Rubirosa -o Rubi, como le decían en los diarios- era el tercer dominicano más famoso del mundo (primero estaba El Cuatrero Fallido, y luego la mismísima mujer cobra, María Montez). Hombre buen mozo, alto y elegante cuyo «enorme falo causó estragos en Europa y Norteamérica», Rubirosa era un picaflor del jet-set, que competía en carreras automovilísticas, estaba obsesionado con el polo y era la cara «feliz» del trujillato (porque, efectivamente, era uno de los subalternos más conocidos de Trujillo). Un guapísimo hombre del mundo que también había sido modelo alcanzó notoriedad cuando se casó con la hija de Trujillo, Flor de Oro, en 1932, y aunque se divorciaron cinco años después, en el Año del Genocidio Haitiano, logró estar a bien con El Jefe durante todo el largo tiempo que se mantuvo el régimen. A diferencia de su cuñado Ramfis (con quien lo asociaban con frecuencia), Rubirosa parecía incapaz de matar a nadie; en 1935 viajó a Nueva York para ejecutar la sentencia de muerte que El Jefe había dictaminado contra el líder del exilio, Angel Morales, pero huyó antes de que la chapucería del intento pudiera llevarse a cabo. Rubi era el macho dominicano clásico, rapaba con toda clase de mujer-Barbara Hutton, Doris Duke (que resultó ser la mujer más rica del mundo), la actriz francesa Daniela Darrieux, y Zsa Zsa Gabor- por nombrar solo a algunas. Como su socio Ramfis, Porfirio también murió en un accidente automovilístico en 1965, cuando su Ferrari de doce cilindros patinó y se salió de la carretera en el Bois de Boulogne (es difícil exagerar el rol que desempeñan los carros en nuestra narrativa).