LA MARAVILLOSA VIDA DE OSCAR WAO la maravillosa vida breve de oscar wao | Seite 219

intensidad nunca dejó de tratar de convencerlo de que el amor era el amor y por tanto debía ser obedecido. Al ver que por fin no tendrían un hijo, Lydia fingió optimismo —¿Para qué estropear estos pechos?, bromeaba—, pero él podía percibir su desaliento. Se sentía igual. En los últimos días, Abelard había tenido sueños inciertos, preocupantes, repletos de niños que lloraban en la noche y en los que veía la primera casa de su padre. Manchaban de modo inquietante sus horas despiertas. Sin premeditación alguna, no había ido a ver a Lydia desde la noche en que supo la mala noticia de que no iban a tener el hijo, y había salido a tomar en parte, creo yo, porque temía que esto les hubiera dañado. Pero, por el contrario, sintió por ella el deseo de otros tiempos, el que lo golpeó la primera vez que se conocieron en el cumpleaños de su primo Amílcar, cuando los dos eran tan delgados, tan jóvenes y estaban tan llenos de posibilidades. Esa vez no hablaron de Trujillo. ¿Puedes creer cuánto tiempo ha pasado?, le preguntó asombrado la noche de sábado de su último encuentro. Sí, claro, dijo ella con tristeza, halándose la piel de la barriga. Somos relojes, Abelard. Nada más. Abelard movió la cabeza. Somos más que eso. Somos maravillas, mi amor. Quisiera poder permanecer en este momento, quisiera poder extender los días felices de Abelard, pero es imposible. A la semana siguiente, dos ojos atómicos se abrieron sobre centros civiles en Japón y en ese momento, aunque nadie lo sabía entonces, el mundo fue otro. Dos días después que las bombas atómicas marcaran para siempre a Japón, Socorro soñó que el hombre sin rostro se cernía sobre la cama de su esposo y ella no podía gritar, no podía decir nada, y la noche siguiente soñó que se cernía también sobre sus hijas. He estado soñando, le dijo a su esposo, pero él agitó las manos, sin hacerle caso. Ella comenzó a vigilar el camino delante de su hogar y a poner velas en su cuarto. En Santiago, Abelard está besando las manos de Lydia y ella suspira de placer y ya vamos rumbo a la