LA MARAVILLOSA VIDA DE OSCAR WAO la maravillosa vida breve de oscar wao | Page 202

su esposa e hijas a los eventos de El Jefe, según dictaba la costumbre, Abelard comenzó a dejarlas en casa de modo reiterado. Les explicó a los amigos que su esposa se había puesto «nerviosa» y que Jacquelyn la cuidaba, pero la verdadera razón de las repetidas ausencias era la notoria rapacidad de Trujillo y el que su hija Jacquelyn se había convertido en un monumento de mujer. La hija mayor de Abelard —seria, intelectual— ya no era aquella niña torpe, alta y flaquita; la adolescencia le había pegado con furia, transformándola en una señorita de gran belleza. Había padecido un caso serio de cadera-culo-pechos, condición que en los años cuarenta era un problema con T mayúscula seguida por una R, una U y una J hasta el illo. Pregúntenle a cualquiera de los mayores y les dirán: Tru- jillo pudo haber sido un Dictador, pero era además un Dic- tador Dominicano, lo que es otra manera de decir que era el Bellaco Número Uno del País. Creía que todo el toto en la RD era, literalmente, suyo. Es un hecho bien documentado que en la RD de Trujillo, si uno era de una clase dada y deja- ba a su hija linda cerca de El Jefe, a la semana estaría mamándole el ripio como una profesional, ¡y uno no podía hacer nada para evitarlo! Era parte del precio de vivir en Santo Domingo, uno de los secretos mejor conocidos de la isla. Era tan común la práctica, tan insaciables los apetitos de Trujillo, que existía un fracatán de hombres en la nación, hombres de calidad y posición, créanlo o no, que le ofrecían sus hijas libremente al Cuatrero Fracasado. Abelard tenía a su favor que no era uno de ellos; en cuanto se dio cuenta de lo que había -después que su hija comenzara a parar el tráfico en la calle El Sol, después que uno de sus pacientes vio a su hija y le dijo: Debe tener cuidado con esa- la convirtió en Rapunzel y la encerró en la casa. Fue un Gesto Valiente, no acorde con su carácter, pero solo había necesitado ver a Jacquelyn prepararse para la escuela una mañana, grande de cuerpo pero aún una niña, por Dios, una niña, y el Gesto Valiente se le hizo fácil. Sin embargo, ocultar de Trujillo a su hija de ojos de gamo y pechos grandes no era nada fácil. (Como negarle el anillo a