LA MARAVILLOSA VIDA DE OSCAR WAO la maravillosa vida breve de oscar wao | Seite 195

Lo que sucedió fue que un día calculó mal —desconsolado, estoy segura— y acabó aplastado entre una guagua camino al Cibao y otra que iba a Baní. Su cráneo estalló en un millón de )edacitos, la película se desenredó por toda la calle. Me enteré después del entierro. Su hermana me llamó. Fuiste a la que más amó, sollozó. A la que más amó. La maldición, dirán algunos de ustedes. La vida, es lo que digo yo. La vida. Nunca verán a nadie irse tan calladita. Le di a su mamá el dinero que había recibido del peledeísta. Maxim, su hermano menor, lo usó para comprar una yola que lo llevó a Puerto Rico y, según lo último que oí, le va bien allá. Tiene una tiendecita y su mamá ya no vive en Los Tres Brazos. Mi toto sirvió para algo bueno después de todo. Te querré siempre, dijo mi abuela en el aeropuerto. Y se alejó. Fue solo cuando monté en el avión que comencé a llorar. Sé que parece ridículo, pero creo que en realidad no dejé de llorar hasta que te conocí. Sé que nunca dejé de expiar mi culpa. Los otros pasajeros deben de haber pensado que estaba loca. Estuve esperando a que mi mamá me pegara, me llamara idiota, bruta, fea, malcriada, que quisiera cambiar asientos, pero no fue así. Puso su mano en la mía y no la movió. Cuando la mujer que estaba delante se volvió y dijo: Dígale a esa hija suya que se calle, ella le contestó: Dígale a ese culo suyo que deje de apestar. Quien más pena me daba era el viejito a nuestro lado. Se notaba que había estado visitando a su familia. Llevaba un pe- queño sombrero de ala y su mejor chacabana muy bien plan- chada. Ya está bien, muchacha, dijo, dándome palmitas en la espalda. Santo Domingo estará siempre allí. Estaba allí al prin- cipio y estará allí al final. Por amor de Dios, murmuró mi mamá, y entonces cerró los ojos y se durmió.