LA MARAVILLOSA VIDA DE OSCAR WAO la maravillosa vida breve de oscar wao | Page 186
pero en eso oí sus voces en la escalera, subiendo las cosas. No
sé quién se sorprendió más, si Óscar, Lola, o yo.
En la versión de Óscar, levanté la mano y dije: Mellon. Le tomó
un segundo reconocer la palabra. Mellon, dijo finalmente.
El otoño después de la Caída fue oscuro (lo leí en su diario):
oscuro. Seguía pensando en hacerlo, pero tenía miedo. De su
hermana sobre todo, pero también de sí mismo. De la posibi-
lidad de un milagro, de un verano invencible. Leyendo y es-
cribiendo y mirando la TV con su mamá. Si intentas cualquier
estupidez, su mamá le juró, no te dejaré tranquilo en lo que me
queda de vida. Es mejor que me creas.
La creo, señora, informó haber dicho. La creo.
Durante aquellos meses no pudo dormir, y así es como
terminó sacando el carro de su mamá a dar vueltas a media-
noche. Cada vez que salía de la casa pensaba que sería la úl-
tima. Iba a todas partes. Se perdió en Camden. Encontró el
barrio donde me crié. Atravesó New Brunswick en el momento
en que los clubes cerraban, mirando a todo el mundo, mientras
el estómago lo mataba. Llegó incluso hasta Wildwo-od. Buscó
la cafetería donde había salvado a Lola, pero había cerrado y no
se había abierto nada en su lugar. Una noche recogió a una
muchacha que pedía que la llevaran. Una muchacha
inmensamente embarazada. Apenas hablaba inglés. Era una
guatemalteca indocumentada de mejillas hundidas. Necesitaba
ir a Perth Amboy y Óscar, nuestro héroe, le dijo: No te
preocupes. Te llevo.
Que Dios te bendiga, dijo ella. Pero parecía lista para saltar
por la ventanilla de ser necesario.
Le dio su número de teléfono, por si las moscas, pero ella
nunca llamó. No le sorprendió.
Algunas noches manejó tanto tiempo y tan lejos que llegó a
quedarse dormido al timón. Un segundo estaba pensando en sus