LA MARAVILLOSA VIDA DE OSCAR WAO la maravillosa vida breve de oscar wao | Page 184

Feliz Navidad. Y entonces, como era de esperar de una de León, ¡volvió a la lectura de su libro! Le eché una mirada al libro. Introducción al japonés. ¿Qué coñazo estás estudiando ahora? ¿No te han botado de aquí to- davía? Voy a enseñar inglés en Japón el año entrante, dijo en tono muy práctico. Va a ser increíble. No es que lo esté pensando o que haya solicitado ir, sino que voy. ¿A Japón? Reí, con un poco de crueldad. ¿A qué cono va una dominicana a Japón? Tienes razón, dijo, volviendo la página, irritada. ¿Para qué va a querer ir uno a ningún lado teniendo Nueva Jersey? Dejamos el tema un segundo. Me estás llevando un poco recio, le dije. My apologies. Como dije antes: era diciembre. Mi jevita india, Lily, me esperaba en College Avenue y también me esperaba Suriyan. Pero no pensaba en ninguna de las dos. Pensaba en la única vez que había visto a Lola ese año; estaba leyendo un libro de frente a la Capilla Henderson con una concentración tal que temí que se pudiera lastimar. Había sabido por Óscar que vivía en Edison con unas amigas, que trabajaba en una oficina u otra, y que estaba ahorrando dinero para su próxima gran aventura. El día que la vi, quise saludarla pero no tuve los co-jones. Me imaginé que me iba a hacer el fo. Vi Commercial Avenue pasar y, en la distancia, las luces de la Ruta 18. Ese sería uno de esos momentos que siempre me recordarían a Rutgers. Las muchachas que estaban delante de nosotros se reían nerviosamente de algún tipo. Ella tenía las manos sobre las páginas, las uñas color arándano. Mis manos parecían enormes cangrejos. Si no tenía cuidado, en un par de meses estaría de nuevo en London Terrace y ella estaría en Tokio o Kyoto o donde coño fuera. De todas las muchachas con que había estado en Rutgers, de todas las muchachas con que había estado, Lola era la que nunca había logrado entender. Entonces, ¿por qué sentía que era la que mejor me conocía a