LA MARAVILLOSA VIDA DE OSCAR WAO la maravillosa vida breve de oscar wao | Seite 167
Y al fin, lo hizo.
Lo dejó.
Fue una locura, en realidad. Corríamos cuatro días a la se-
mana. Yo corría cinco millas, pero con él la cosa era de solo un
poquito cada día. Tomando en cuenta su situación, yo pensaba
que no le iba mal. Que iría incrementando, ¿entienden? Y
entonces, en medio de una de nuestras carreras, cuando íbamos
por George Street, miré por encima del hombro y vi que se había
detenido. El sudor le corría por todo el cuerpo. ¿Te va a dar un
ataque al corazón? No, dijo. Entonces, ¿por qué no estás
corriendo? He decidido no correr más. ¿Por qué cono no? No va
a funcionar, Yunior. No va a funcionar si tú no quieres que
funcione. Sé que no va a funcionar. Vamos, Oscar, levanta tus
malditos pies. Pero él sacudió la cabeza. Intentó apretarme la
mano y después se dirigió a la parada de Livingston Avenue y
tomó la Doble E a casa. A la mañana siguiente lo pinché con el
pie, pero ni se movió.
No volveré a correr, dijo desde debajo la almohada.
Supongo que no debí haberme enojado. Debí haber sido más
paciente con el novato. Pero estaba encabronao. En f in, yo me
había molestado en tratar de ayudar a ese fokin idiota de mierda y
él me estaba echando en cara. Me afectó de una manera
verdaderamente personal.
Estuve tres días seguidos jodiéndolo con que saliera a correr
y él decía: Mejor no, mejor no. Por su parte, trataba de suavizar
las cosas. Intentó seguir compartiendo sus películas, comics y
conversaciones nerdosas, trató de volver al punto en que
estábamos antes que yo comenzara el Programa de Redención de
Óscar. Pero yo no estaba para eso. Al fin, dejé caer el ultimátum.
O corres o se acaba todo.
¡No quiero seguir haciéndolo! ¡No quiero! Levantando la
voz.
Terco. Como su hermana.
Tu última oportunidad, le dije. Yo tenía ya puestos los tenis y
estaba listo para rodar, y él estaba en su escritorio, haciéndose el
que no se daba cuenta.