LA MARAVILLOSA VIDA DE OSCAR WAO la maravillosa vida breve de oscar wao | Page 166
viéndolo jadear por George Street, sus negras y cenicientas
rodillas temblando. La cabeza baja, para no tener que oír o ver
las reacciones. Casi siempre solo algunas risitas y algún Hey,
gordo. ¿Lo mejor que oí? Mira, mamá, ese ha sacado su planeta
a correr.
No les pongas atención a esos comemierdas, le dije.
No worry, jadeó, muñéndose.
El tipo no estaba para esto. Tan pronto terminábamos, re-
gresaba a su escritorio como un cohete. Casi se aferraba a él.
Hacía todo lo que podía para evitar salir a correr conmigo.
Empezó a levantarse a las cinco de la mañana para estar ya en la
computadora cuando yo me despertara y poder decir que estaba
en el medio de un capítulo increíblemente importante. Escríbelo
más tarde, bitch. Después de la cuarta vez más o menos, se puso
literalmente de rodillas. Por favor, Yunior, dijo, no puedo. Yo
resoplé. Ve y busca tus fokin zapatos.
Sabía que nada de esa mierda le era fácil. Yo era cruel, pero
no tan cruel. Vi cómo era la cosa. ¿Creen que la gente odia a los
gordos? Pues imagínense a un gordo que trata de adelgazar.
Provocaba el balrog en cualquiera. Las muchachas más dulces
del mundo le decían las cosas más horribles, las señoras mayores
farfullaban, Eres repugnante, repugnante, e incluso Melvin, que
nunca había demostrado ninguna tendencia antiÓscar, empezó a
llamarlo Jabba the Hutt, solo porque le dio la gana. Era pura
locura.
OK, bueno, la gente era hijaeputa, pero ¿qué más podía
hacer? Óscar tenía que hacer algo. Estaba 24/7 en la computa-
dora, escribiendo sus obras maestras (o más bien monstrescas) de
ciencia ficción, escapándose al Centro de Estudiantes de vez en
cuando para entretenerse con los videojuegos, para hablar de
muchachas pero jamás tocar una —¿qué clase de vida era esa?
Por Dios, estábamos en Rutgers y en Rutgers había chicas por
todas partes. Pero allí estaba Óscar, desvelándome con cuentos
de La Linterna Verde. Se preguntaba en voz alta: Si fuéramos
ores, a nivel racial, ¿no nos imaginaríamos como duendes?
El tipo tenía que hacer algo.