LA MARAVILLOSA VIDA DE OSCAR WAO la maravillosa vida breve de oscar wao | Page 142
una infancia en que ni siquiera tuvo su propio nombre. Y era
en esa soledad que se deslizaba, y era allí que viviría siempre,
sola, negra, fea, arañando el polvo con un palillo, simulando
que sus garabatos eran letras, palabras, nombres.
Toda esperanza había desaparecido, pero entonces, Verda-
deros Creyentes, como la mano de los propios Antepasados: un
milagro. Justo cuando nuestra muchacha debía desaparecer por
el horizonte, justo cuando el frío de la devastación le subía por
las piernas, encontró en sí misma un último depósito de fuerza:
su magia Cabral... y todo lo que tuvo que hacer fue
comprender que la habían engañado de nuevo, que se la habían
jugado otra vez, El Gángster, Santo Domingo, sus propias y
estúpidas necesidades. Como Superman en El regreso del
caballero oscuro, que drenó de una selva entera la energía
fotó-nica que necesitaba para sobrevivir a Coldbringer, así
extrajo nuestra Beli de su cólera su propia supervivencia. Es
decir, fue su coraje lo que le salvó la vida.
Como una luz blanca aquí dentro. Como un sol.
Volvió en sí bajo la feroz luz de la luna. Una muchacha
destrozada, sobre cañas destrozadas.
Dolor por todas partes pero viva. Viva.
Y ahora llegamos a la parte más extraña de nuestra historia. No
puedo decir si lo que cuento es producto de la imaginación
sacudida de Beli o algo enteramente distinto. Hasta El
Vigilante tiene sus silencios, sus páginas en blanco. Pocos se
han aventurado más allá de la Pared de la Fuente... Pero cual-
quiera que sea la verdad, recuerden: los dominicanos son cari-
beños y, por lo tanto, muestran una tolerancia extraordinaria
hacia los fenómenos extremos. ¿Cómo si no habríamos podido
sobrevivir a lo que hemos sobrevivido? Así que cuando Beli
iba y venía entre la vida y la muerte, a su lado apareció una
criatura que habría sido una mangosta amable de no ser por los
ojos dorados de león y el negro absoluto de la piel. Era