LA MARAVILLOSA VIDA DE OSCAR WAO la maravillosa vida breve de oscar wao | Seite 140
OPCIÓN Y CONSECUENCIAS
Iban hacia el este. En aquellos días las ciudades todavía no se
habían metastatizado en kaiju, amenazándose unas a otras con
humo e ingentes hileras de casuchas; en aquellos días sus lí-
mites eran un sueño corbusiano: lo urbano simplemente de-
saparecía con la rapidez de un latido. Un segundo estabas en
las profundidades del siglo xx (bueno, del siglo xx del Tercer
Mundo) y el siguiente te encontrabas sumergido ciento ochenta
años atrás en ondulantes cañaverales. La transición entre estos
estados era como en alguna fokin máquina del tiempo. La luna,
se ha dicho, era llena y la luz que llovía en las hojas de los
eucaliptos creaba una atmósfera espectral.
El mundo afuera era tan hermoso, pero dentro del carro...
La habían estado golpeando y el ojo derecho se le había in-
flamado hasta convertirse en un tajo maligno, el pecho derecho
se le había hinchado tan absurdamente que parecía a punto de
estallar, tenía el labio partido y algo andaba mal en la quijada:
no podía tragar sin provocarse un dolor atroz. Gritaba cada vez
que le pegaban, pero no lloró, ¿entienden? Su ferocidad me
asombra. No les iba a dar el gusto. Había tanto miedo, el
miedo escalofriante que hiela la sangre cuando se saca una
pistola, el miedo de despertarse y encontrar a un hombre de pie
junto a la cama, pero era un miedo contenido, una nota
sostenida indefinidamente. Tremendo miedo, y sin embargo se
negaba a mostrarlo. Cómo odiaba a aquellos hombres. Toda la
vida los odiaría y nunca los perdonaría, nunca los perdonaría, y
jamás podría pensar en ellos sin sucumbir a un vórtice de
rabia. Cualquier otro habría vuelto la cara para evitar los
golpes, pero Beli ofrecía la suya. Y entre puñetazos subía las
rodillas para proteger su barriga. Estarás bien, susurraba con la
boca partida. Vivirás.
Dios mío.
Detuvieron el carro en el borde de un camino y la interna-
ron en el cañaveral. Anduvieron hasta que la caña rugía tanto
que sonaba como si estuvieran en medio de una tormenta.