LA MARAVILLOSA VIDA DE OSCAR WAO la maravillosa vida breve de oscar wao | 页面 137

Oye, chino, no tienes idea de lo que estás haciendo. Este chino sabe exactamente lo que está haciendo. José montó la pistola, un ruido terrible, como una fractura de cos- tilla. Su cara era un rictus muerto y todo lo que había perdido brillaba en ella. Corre, Beli, dijo. Y ella corrió, las lágrimas brotando de sus ojos, pero no antes de darles una última patada a los tipos. Mis chinos, le contó a su hija, me salvaron la vida. VACILACIÓN Debía haber seguido corriendo, pero fue directo a casa. ¿Lo pueden creer? Como todo el mundo en este maldito cuento, subestimó la profundidad de la mierda en que estaba metida. ¿Qué te pasa, hija?, preguntó La Inca, dejando caer la sar- tén de su mano y aferrándose a la muchacha. Tienes que con- tármelo. Beli sacudió la cabeza. No recuperaba el aliento. Cerró con pestillo la puerta y las ventanas y después se agachó en la cama, un cuchillo en la mano, temblando y llorando, el frío en su vientre como un pescado muerto. Quiero ver a Dionisio, lloriqueaba. ¡Quiero verlo ahora mismo! ¿Qué pasó? Les digo que debía haber salido corriendo, pero tenía que ver a su Gángster, necesitaba que le explicara lo que sucedía. A pesar de todo lo que acababa de ocurrir, todavía tenía la es- peranza de que él lo arreglaría, que su voz áspera le calmaría el corazón y detendría el miedo animal que le comía las tripas. Pobre Beli. Creía en El Gángster. Era leal hasta el fin. Y por eso fue que, un par de horas después, cuando un vecino gritó, Oye, Inca, el novio está afuera, ella salió dispará de la cama como si la hubieran lanzado, pasó volando junto a La Inca sin precaución alguna, corriendo descalza a donde la esperaba su carro. En la oscuridad no se dio cuenta que no era en realidad su carro.