LA MARAVILLOSA VIDA DE OSCAR WAO la maravillosa vida breve de oscar wao | Page 131
anaranjada y nervuda, salvo la cara, donde la piel, todavía in-
tacta, semejaba una máscara fúnebre. Lo habían hecho hacía
muy poco y la carne temblaba aún bajo la nube de moscas. Beli
no sabía si había sido el calor o las dos cervezas que se había
tomado mientras el colmadero buscaba a su primo, o si había
sido el chivo desollado, o vagos recuerdos de los Años
Perdidos, pero nuestra muchacha juraría haber visto delante de
una de las covachas a un hombre sin cara sentado en un sillón
que la había saludado al pasar, pero antes de que le fuera
posible confirmarlo, el pueblito había desaparecido en el polvo.
¿Viste algo? El chofer suspiró. Por favor, si casi no puedo
mantener los ojos en el camino.
Dos días después de su regreso, el frío se le había asentado
en la boca del estómago como si se hubiera ahogado algo allí
dentro. No sabía qué le pasaba; vomitaba todas las mañanas.
Fue La Inca quien lo vio primero. Bueno, al fin lo lograste.
Estás embarazada.
No, no lo estoy, dijo Beli con voz ronca mientras se lim-
piaba un puré fétido de la boca.
Pero sí lo estaba.
REVELACIÓN
Cuando el médico confirmó los peores temores de La Inca,
Beli gritó de alegría. (Señorita, esto no es un juego, la regañó
el médico.) Estaba cagada de miedo y llena de felicidad al mis-
mo tiempo. No podía dormir maravillada por todo y, después
de la revelación, se hizo extrañamente respetuosa y flexible.
(¿Así que ahora estás contenta? Por Dios, muchacha, ¡mira que
eres tonta!) Para Beli: esta era la magia que había estado
esperando. Se llevó la mano a la barriga todavía plana y oyó
con toda claridad las campanas de boda, cerró los ojos y vio la
casa que se le había prometido, con la que había soñado.