LA MARAVILLOSA VIDA DE OSCAR WAO la maravillosa vida breve de oscar wao | Page 128

mer viaje juntos, una ofrenda de paz después de una ausencia particularmente prolongada, una promesa de futuros viajes. Para esos capitaleños que nunca dejan la 27 de Febrero o que piensan que Güaley es el Centro del Universo, Samaná es una chulería. Uno de los autores de la Biblia del Rey Jaime sin duda viajó por el Caribe y muchas veces pienso que cuando se sentó a escribir los capítulos del Edén lo que tenía en mente era un lugar como Samaná. Porque era un Edén, un meridiano bendito donde el mar y el sol y el verde forjaron una unión y produjeron una gente obstinada que ninguna cantidad de prosa rimbombante pudiera describir. El Gángster estaba de buen ánimo: parecía que la guerra contra los subversivos marchaba bien. (Los tenemos corriendo, se regodeaba. Muy pronto todo estará bien.) En cuanto a Beli, recordaría ese viaje como el momento más agradable que pasó en la RD. Nunca más oiría el nombre Samaná sin pensar en aquella última primavera de su juventud, la primavera de su perfección, cuando todavía era joven y bella. Samaná evocaría por siempre memorias de ellos ha- ciendo el amor, de la barbilla áspera de El Gángster contra su cuello, del sonido del Mar Caribe enamorando esas playas sin defectos y sin centros turísticos, de la seguridad que ella expe- rimentó, y la promesa. Hay tres fotos de ese viaje y en todas ella está sonriendo. Hicieron todo lo que a nosotros los dominicanos nos gusta hacer en vacaciones. Comieron pescado frito y chapalearon en el río. Caminaron por la playa y bebieron ron hasta que la carne de detrás de los ojos les latía con fuerza. Fue la primera vez que Beli tuvo su propio espacio bajo control total, de modo que mientras El Gángster dormitaba en la paz de su hamaca, Beli se entretenía jugando a la esposa, haciendo un capítulo, «El nerd del gueto en el fin del mundo») no se popularizó hasta finales de los ochenta, principios de los noventa, pero ese es un detalle que me sería imposible cambiar; me gusta demasiado la imagen. ¡Perdónenme, historiadores del baile popular, perdónenme!