LA MARAVILLOSA VIDA DE OSCAR WAO la maravillosa vida breve de oscar wao | Page 125

Y mira lo bien que me has tratado. Mira qué bien. Quizá la gente tenga razón, decía La Inca, desesperada. Quizá traes una maldición encima. Beli se rió. Puede que usté traiga una maldición encima, pero yo no. Hasta los chinos tuvieron que responder al cambio de actitud en Beli. Te tenemos que dejar ir, dijo Juan. No entiendo. Este se lamió los labios e intentó otra vez. Tenemos que tú ir. Estás despedida, dijo José. Por favor deja el delantal en la barra. El Gángster se enteró del asunto y al día siguiente algunos de sus matones les hicieron una visita a los Hermanos Then y, miren eso, nuestra muchacha se reincorporó enseguida al empleo. Pero ya no era lo mismo. Los hermanos no le habla- ban, no le hacían cuentos de su juventud en China y Filipinas. Después de un par de días de ese tratamiento silencioso, Beli captó la indirecta y dejó de ir a trabajar. Y ahora no tienes empleo, precisó La Inca amablemente. No necesito trabajar. Él me va a comprar una casa. ¿Un hombre que nunca te ha llevado a su casa te está pro- metiendo que te va a comprar una? ¿Y tú lo crees? Oh, hija. Sí, señores: nuestra muchacha creía. Al fin y al cabo, ¡estaba enamorada! El mundo se deshacía: Santo Domingo estaba en medio de un caos total, el trujillato se tambaleaba, había controles policiales en cada esquina e in- cluso los muchachos con quienes ella había ido a la escuela, los más brillantes y mejores, estaban siendo barridos por el Terror. Una muchacha de El Redentor le dijo que habían encontrado al hermano menor de Jack Pujols conspirando contra El Jefe y ni la influencia del coronel había podido sal- varle: le habían sacado un ojo con descargas eléctricas. Beli no lo quería oír. Al fin y al cabo, ¡estaba enamorada! ¡Enamo- rada! Flotaba todo el día como una mujer con una contusión. El problema era que no tenía el número telefónico de El