LA MARAVILLOSA VIDA DE OSCAR WAO la maravillosa vida breve de oscar wao | страница 122
amor, podía encontrar en su corazón la manera de revisar sus
opiniones, aunque fuera solo por El Gángster.
Él era un tipo complicado (algunos dirían cómico), afable
(algunos dirían ridículo), que la trataba de manera muy tierna
y con gran consideración, y fue bajo él (literal y metafórica-
mente) que Beli terminó la educación comenzada en el res-
taurante. Era un hombre bien social, al que le gustaba pa-
changuear, ver y ser visto, y eso iba muy bien con los propios
sueños de Beli. Pero también era un hombre con conflictos
sobre su pasado. Por una parte, estaba orgulloso de lo que ha-
bía logrado. Me hice yo mismo, le decía a Beli, solito. Tengo
carros, casas, electricidad, ropa, prendas, pero de niño ni si-
quiera tenía un par de zapatos. Ni un par. No tenía familia.
Era huérfano. ¿Entiendes?
Ella, huérfana también, entendía perfectamente.
Pero, por otra parte, sus crímenes lo atormentaban. Cuan-
do bebía demasiado, y eso pasaba con frecuencia, murmuraba
cosas como, Si supieras las diabluras que he cometido, no es-
tarías aquí ahora. Y algunas noches ella se despertaba y lo en-
contraba llorando. ¡Fue sin querer! ¡Fue sin querer!
Y fue una de esas noches, mientras lo acunaba y le
secaba las lágrimas, que de repente se dio cuenta que quería a
este Gángster.
¡Beli enamorada! ¡Segundo asalto! Pero a diferencia de
lo que sucedió con Pujols, esto era de verdad: un amor puro,
sin cortar ni adulterar, el Santo Grial que tanto fastidiaría a
sus hijos toda la vida. Consideren cuánto Beli había deseado,
hambrienta, la oportunidad de amar y ser amada (no tanto en
tiempo real, pero sí una eternidad en el cronómetro de su
adolescencia). Nunca tuvo la oportunidad en su primera niñez
perdida; en los años intermedios su deseo se había duplicado
como una katana forjada y forjada hasta ser más afilada que
la verdad. Con El Gángster nuestra muchacha por Fin se
realizó. ¿A quién le sorprende saber que en los últimos cuatro
meses de su relación con él habría tal corriente de afecto?
Como cabría esperar: ella, hija de la Caída, receptora de las
radiaciones más fuertes, amaba atómicamente.