Son múltiples las incógnitas que se ciernen sobre su muerte , dudas que los propios investigadores que estudiaron el caso no supieron resolver en su día . Para situarnos en el túnel del tiempo necesitamos retroceder tan solo apenas veinte años , en un almanaque azotado por las grandes trasformaciones sociales , cercano a la clausura de un siglo que llamaba a las puertas de la Europa monetaria . Una época en la que todo tenía precio . Todo se compraba , todo se vendía . Hasta las voluntades de las personas . Es posible que la ética flotara más y mejor sobre la atmósfera de la ciudad en una grada de jóvenes incondicionales al Valencia C . F . que en una parte de la burguesía valenciana .
Aquella joven mujer , dueña de sus propios sueños , casquivana según la moral de los más fervientes religiosos , consumida por sus propios detractores , tras su asesinato pudo finiquitar el establishment de muchas de las familias de los clientes que la cortejaban en los encuentros rutinarios que se celebraban en su apartamento . La lista de amigos era innumerable . Pero solo se especuló con su agenda , sin exponerla a la luz pública . Eran personajes de cierto reconocimiento y posición social que veían en la prostituta el salto a una vida subterránea a la familiar . Su asesinato motivó la curiosidad de parte de la prensa valenciana , escaparate morboso por ser el presuntamente sospechoso un varón de cierto estatus en el podio de la burguesía valenciana .
Doménech acierta con su pluma en devolvernos , veinte años después , un tema hoy de actualidad y que cada día goza de mayor rechazo en una sociedad
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