La Factoría Diciembre 2012 | Page 5

cinco

Vanessa Esteban, fotografía infantil

Vanessa Esteban nació en Sevilla, en 1980, Licenciada en Publicidad y RR.PP .por la Universidad de Sevilla.

Desde que terminó la carrera, ha trabajado en medios de comunicación, aunque la fotografía, de una forma u otra, siempre ha estado presente en su vida.

Se inició con la fotografía urbana, el foto-periodismo, pero con los años necesitó dar un nuevo impulso creativo a su carrera. Aficionada a la escritura se embarcó en la narración de cuentos y, hace dos años, terminó de escribir su primera novela, “Que pinto yo en París”. La fotografía era una forma de complementar esta nueva vertiente artística. “Poesía, fotografía, relatos... todo puede converger y llevarnos a la consecución de un juego creativo apasionante”

¿De donde te viene la afición a la fotografía?

Mi abuelo era fotógrafo y desde pequeña amo este oficio. Me gustaba mirarle limpiar su vieja cámara que ahora conservo yo como una reliquia, en una vitrina.

Mi abuelo conocía mi gusto por la fotografía; pero cuando realmente comencé a dedicarme a este oficio de manera profesional, él ya había fallecido, siempre me quedará esa espinita, pues le hubiera encantado ver que alguien siguió de alguna forma con su negocio de fotografía: Estudio de Fotografía Tenorio.

¿Donde buscas la inspiración?

Viajé a París, Roma, Bruselas, Croacia... en busca de inspiración y tras aventurarme en la fotografía paisajistica la vida me dio un giro de 180 grados al quedarme embarazada de mi hija. Entonces encaminé mi andadura profesional a los retratos infantiles y mujeres embarazadas. Creo que este tipo de fotografía, que no tiene por qué ser de estudio, es con la que me siento más cómoda a día de hoy.

Comparto tiempo con mi hija, puesto que con ella hago todos los experimentos que después traslado a mis clientas. Las mamás son clientas exigentes, y hacen bien. Yo les invitaría a fotografiar cada día a sus bebes... porque cambian constantemente y así es la única manera de percibir esos cambios. A mi hija la fotografío casi semanalmente y es impresionante ver como su carita, sus gestos, hasta su tono de piel se transforma. Sin duda este tipo de trabajo, me llenan de orgullo, cuando ves la cara de los papás merece la pena haber pasado una hora tratando de cazar al pequeñajo en una buena pose.