LA ECONOMÍA DE MÉXICO EN EL TLCAN: BALANCE Y PERSPECTIVAS FRENTE AL T VOLUMEN 19-LA ECONOMIA-VERSION DEFINITIVA-17-MAYO- | Page 922

LA TENDENCIAL INTEGRACIÓN AUTÓNOMA DE AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE 937 este bloque enfrenta retrocesos incalculables, dados por la instauración de gobiernos ilegítimos en Brasil y Paraguay, así como por lo que está revir­ tiendo el gobierno argentino de Mauricio Macri, factores que conspiran contra la proyección autonómica de la integración suramericana. No obs­ tante, las esperanzas cifradas en la Cumbre de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), por el valor estratégico del proyecto de unidad re­ gional desde una mirada autonómica, su futuro está inmerso en la fragmen­ tación y la incertidumbre. Se esperaba que en esta etapa —cuando la CELAC y algunos esquemas de integración regional habían incorporado nuevas agendas y sujetos sociales en el proceso de integración regional— se transformaran los objetivos políticos eminentemente comerciales, en un sentido ya no mercantil, sino de ampliación de derechos con énfasis en la creación de bienes públicos. Como había sido el caso del MERCOSUR, que creó metodologías y prácticas de nueva generación para promover la par­ ticipación social en el bloque, a través del Instituto Social del MERCOSUR o del Instituto de Políticas Públicas en Derechos Humanos, e incluso cier­ ta institucionalidad política representativa, como es el caso del Parlamento del MERCOSUR y del PARLASUR, de la UNASUR. Hasta 2016 había expectativas positivas en […] la creación de mecanismos para enfrentar la cuestión de las asimetrías entre los países, con sentido redistributivo, [que] involucra por primera vez en la historia del bloque un elemento solidario central, plasmado en el di­ seño del Fondo de Convergencia Estructural del MERCOSUR (FOCEM) (Vázquez, 2017). En lo que va del siglo XXI, constatamos la reafirmación de posiciones tendencialmente autonómicas a nivel hemisférico, simbolizadas por el re- chazo del proyecto estadounidense de conformación de un Área de Libre Co- mercio Americana (ALCA) en 2005 y la creación de la CELAC en 2011, como heredera del Grupo de Río y de la Cumbre de América Latina y el Caribe sobre Integración y Desarrollo (CALC), la cual se propuso articular los procesos de integración y el desarrollo de los Estados miembros, especial­ mente frente a retos tales como la crisis financiera, la crisis económica y la crisis alimentaria, entre otras. Esos espacios prometían una vertiente democrática para América Latina y el Caribe, que sólo serían posibles en la unidad autónoma que puede propiciar la integración regional y la dimensión social y cultural de la inte­ gración. En contra de ese escenario, conspiran realidades estructurales cuya dinámica no se puede cambiar aisladamente. Sin una integración regional latinoamericana y caribeña será imposible. Sin una intensificación del in­